Los tres finalistas subieron al escenario, con la pesada cortina carmesí detrás de ellos como telón de fondo. El piano de cola, brillante y majestuoso, esperaba en el centro, mientras dos atriles flanqueaban ambos lados, testigos de lo que sería una actuación sin igual. Las luces, como estrellas doradas, se cernían sobre ellos, convirtiendo el escenario en un pequeño universo de sonido y pasión. Charisse tomó asiento, sus dedos acariciando las teclas frías, buscando la conexión con el instrumento. Ethan e Isabelle, cada uno con un aura de concentración, colocaron sus partituras en los atriles y prepararon sus violines. El público, lleno de ansiedad, estaba en un silencio sepulcral. La única excepción era el rincón en el que Albert y Jared estaban sentados. Ambos hombres animaban a Chari

