Nunca imaginé que me encontraría en esta situación antes de los cuarenta. Aquí estoy, en la terraza de mi hogar, mirando el amanecer, y sintiendo un alivio abrumador. La vida en la empresa fue gratificante, pero también implacable. Ahora, por primera vez en años, siento que puedo respirar. No es que fuera una carga muy pesada, pero la vida se sentía de manera diferente, claro que sí. Desde mi silla, puedo oír a mis hijos menores, Nina y Noah, balbuceando y riendo en su cuna. Los imagino extendiendo sus pequeñas manos, buscando el mundo y todo lo que les ofrece. Me levanto y voy a su habitación, y allí están, dos pequeñas bolas de energía, esperando comenzar su día. Estaba despierto desde temprano, a pesar que no tenía que trabajar. Candy seguía en la cama, todavía dormía. Era mejor acud

