Candy miró hacia la ventana, observando cómo la lluvia caía suavemente, golpeando los cristales. Cada gota parecía resonar en su mente, recordándole la tristeza que la había envuelto en las últimas semanas. Desde el nacimiento de los gemelos, Nina y Noah, había esperado sentirse plena, completa. Sin embargo, una nube oscura y opresiva la había envuelto, robándole la alegría que debería haber sentido. Los bebés estaban en su habitación, mientras Millie la abrazaba, sentadas en el sofá, llevaban unos minutos así. Alaric le había dicho a Millie que Candy no se encontraba bien y desde entonces ella se mostraba más afectiva con Candy, cosa que ella agradecía. No tenía que hablar, pero ese largo abrazo la hacía sentir muy bien. Alaric entró en el salón con una taza de té caliente. Colocó su

