Tenía unos veinte minutos ya esperando en el aeropuerto, no dejaba de mirar a todos lados, mientras iba sintiéndose más y más nerviosa cada vez. Sus ojos se enfocaban hacia allí, viendo como todo el mundo salía, menos Albert, se supone que aquel era su vuelo, esos que ya estaban desembarcando. ¿Cómo era posible que él no saliera? Ansiosa, comenzó a moverse de un lado a otro, inquieta. ¿Y si esta vez también no llegaba? Entonces se sentiría la persona más estúpida del mundo. Jared no estaba en casa, había ido a New York y no llegaba hasta el lunes en la noche, por eso y más, Charisse aceptó la visita de Albert. Y, bueno, deseaba verlo con todas y cada una de sus fuerzas, desde esa llamada, desde que contestó‚ desde que sabía que él iría, no podía evitar sentirse de ese modo, no podía

