Serena hubiera querido irse directo a la cama con Juancho, pero pasar toda la tarde con Martina en el SPA había sido tan tedioso y cansado que se moría de hambre y no quería que nada resultara contraproducente con sus planes. —¿Ya cenaste Juancho? — Preguntó relamiéndose el labio superior con la lengua mirando rectamente hacia la entrepierna del caporal. —No, yo…yo — balbuceó Juancho al sentirse vulnerable ante la mirada lasciva de la amiga de su patrón que no disimulaba sus intenciones. —Vamos a la parroquia, me muero de hambre y no me gusta cenar sola, esta noche vas a ser mi invitado — Dijo acercándose a él y mostrando su pronunciado escote. Juancho tragó saliva, estaba muy nervioso porque no sabía si la actitud de la señorita Serena era real y estaba coqueteando con él o solo era p

