—Martina, ¿no estarás pensando que Rodrigo hablaba en serio cuando te preguntó si querías ser su mujer verdad? —Le preguntó Serena desde la puerta de la cocina. —Él no tiene por qué preguntarme nada señorita — contestó la muchacha, en su interior sabía que lo que la bruja quería era molestarla — Yo soy su mujer desde el día que le pagó a mi hermano por mí y eso me convierte en su mujer, aunque usted no quiera aceptarlo. —No seas tonta Martina, se ve que, a pesar de haber crecido como una fiera salvaje en este pueblucho, eres inteligente, incluso, no hablas como si fueras una pueblerina, hasta casi pareces gente decente, claro si no fuera por tu aspecto. Martina sabía porque escuchaba a las demás mujeres del pueblo, que ella no hablaba igual que ellas ya que a pesar de no haber ido a la

