Después de una semana inconsciente, Rodrigo abrió los ojos, se encontraba en una habitación que no reconocía, no sabía dónde estaba y el dolor en la cabeza no lo dejaba recordar su nombre, ni quién era él. —¡Mi amor despertaste! Gracias a dios que recobraste la conciencia, estaba tan preocupada por ti— exclamó la hermosa mujer que estaba sentaba junto a su cama. Vestida con un pequeño camisón de seda que dejaba entre ver un cuerpo perfecto, esa mujer lo había llamado “Amor” pero por más que la miraba y se esforzaba por recordar quien era ella no lograba enfocar su mente. —¿Dónde estoy? ¿Quién eres tú? — preguntó llevándose las manos a la cabeza intentando mitigar el dolor. —Mi vida, soy yo, Serena, tu esposa — contestó la mujer acariciando su rostro con ambas manos y depositando un sua

