Capitulo 1: Prueba de Sangre
Era una cálida tarde de noviembre en Los Ángeles California. Parecía un día perfecto para ir a la playa, pero en lugar de eso, Sofía Lawrence se encontraba en la sala de espera del hospital metropolitano de Los Ángeles, luego de que hace un mes, el incesante lupus le causara una fuerte recaída a su madre.
Sofía estaba ansiosa y preocupada, puesto que ya no sabía que más hacer para que su madre saliera de esto y los médicos le habían advertido que nadie sobrevivirá tantos años con esa enfermedad. Lo peor de todo era que el lupus era una enfermedad que tenía tratamiento, pero no había una cura. Lo cual a Sofía le resultaba irónico que la ciencia avanzaba tanto con aparatos y teléfonos, pero no le daban la suficiente atención a lo que era más importante, como la medicina.
Desde que su madre tuvo esa fuerte recaída, todo en la vida de Sofía había cambiado radicalmente, su esposo Dallas, quien la había apoyado como su amigo desde que firmaron su acuerdo pre-nupcial, ya comenzaba a comportarse indiferente con respecto al dinero. La cuenta del hospital no hacía más que subir y subir. Y para colmo, Sofía no podía hablarle a su madre de sus problemas como acostumbraba hacerlo cuando necesitaba apoyo emocional. Simplemente no quería preocuparla.
Ya rondaban las dos de la tarde, cuando sumida en sus pensamientos, la joven Sofía comenzó a sentirse un poco mal, a pesar de que el aire acondicionado del hospital enfriaba a todo dar y le brindaba al establecimiento una atmósfera gélida, Sofía se sentía acalorada y ya comenzaba a sudar. La castaña de momento no le dio importancia, tenía que ser fuerte para su madre, no era el momento apropiado para enfermarse ella también. Pero sus síntomas parecían no cesar, quizá solo sea la ansiedad y desesperación de la joven lo que le causaba estos síntomas, o solo fue el cansancio acumulado por todas las noches en vela. Pero sin importar lo que sea, ya le estaba pasando factura.
Finalmente, la enfermera en turno que estaba en la recepción del hospital, le indicó que ya podía pasar a ver a su madre. Sofía asintió sin rodeos, recogió su bolso y se puso de pie rápidamente para ir a cuidados intensivos, pero en ese momento, ya estando de pie, comenzó a sentirse mareada, mientras que una repentina oleada de calor le cayó encima, ocasionando que su malestar empeorara. La castaña intentó mantener la compostura, puesto que necesitaba seguir fuerte, pero todo a su alrededor empezó a darle vueltas y cuando intentó dar un par de pasos, se tambaleó, su vista se oscureció y cayó al suelo quedando inconsciente.
Una hora más tarde, Sofía se encontraba en un cubículo de la sala de emergencias del hospital, con un agobiante dolor de cabeza que la obligaba a fruncir el ceño, confundida miró a su alrededor mientras intentaba levantarse de la cama, pero justo en ese instante, una enfermera se adentró en el cubículo y la detuvo.
—Señorita, debe permanecer acostada. Tiene que descansar— Dijo la enfermera mientras revisaba la carpeta que traía en manos.
—Lo siento… ¿Qué está sucediendo?— Pregunta Sofía haciendo una mueca de dolor al sentir como su palpitante dolor de cabeza pareció aumentar.
—Está en el hospital metropolitano de Los Ángeles, se ha desmayado, descuide. Con suerte no será nada grave— Explicó la enfermera intentando calmar a Sofía —Le hemos tomado una muestra de sangre para verificar si no ha pescado un virus o tiene alguna deficiencia.
—Entiendo… espero que sea rápido, necesito poder ver a mi madre— Musitó la castaña recostándose de nuevo.
—Descuide, solo debo hacerle un breve chequeo en lo que esperamos al doctor con los resultados del laboratorio— Respondió la enfermera amablemente.
—Gracias— Aceptó Sofía con un leve asentimiento de cabeza.
—Por favor, siga la luz con los ojos — Pidió la enfermera apuntando a los ojos de Sofía con una fina linterna.
Sofía acató la orden de inmediato y siguió la luz con los ojos sin ningún impedimento, sintió un poco de molestias al hacerlo, pero no le dio importancia.
—Muy bien— Afirmó la enfermera mientras anotaba algunas cosas en la carpeta.
Luego revisó la máquina que media la tensión de Sofía y repitió la misma acción de anotar en la carpeta. La joven Sofía no hacía más que seguir a la enfermera con la mirada, sin decir ni una sola palabra, lo único que tenia en la cabeza es preocupación por su madre, quien seguramente debía estar esperándola.
Luego la enfermera revisó el suero que le habían colocado a Sofía, del cual apenas se habían consumido unos pocos centímetros, la enfermera volvió a hacer otras anotaciones y justo en ese instante un alto doctor afroamericano atravesó la cortina del cubículo y de inmediato la enfermera le entregó la carpeta con todos los datos recogidos de Sofía. El doctor revisó todo con atención, metió la hoja con los resultados del examen de sangre dentro de la carpeta y luego se acerca a Sofía.
—Mucho gusto señorita Lawrence, soy el doctor Mitchell ¿Cómo se siente?— Dijo el doctor con suma cordialidad.
—Me siento bien doctor—Respondió Sofía casi de inmediato sin pensar siquiera en la realidad de como se sentía. Solo había una cosa en su mente y era “Mama”
—Es excelente que se encuentre bien. Acá tengo los resultados de su examen de sangre y me complace decirle que no hay nada malo con usted, no está enferma, ni tiene deficiencias, salvo por el nivel bajo de glucosa en su sangre. Dado que está embarazada, es de esperarse ya que ahora debe comer por dos y algo me dice que hoy usted no desayunó, no es nada que no se resuelva con una buena alimentación— Explicó el doctor con un leve tono de reproche en su voz.
Al oír eso, Sofía abrió los ojos como platos, quedando totalmente fuera de sí misma, no sabía cómo reaccionar, su boca ni siquiera le obedecía como para responder algo. Su mirada se perdió en algún punto muerto de la habitación, mientras una fuerte presión invisible comienza a oprimir su pecho, haciendo que su respiración se torna irregular a la par de un maremoto de emociones y pensamientos que fueron desmoronando su cordura.
Sofía se sentía acorralada dentro de un profundo abismo sin salida, justo cuando pensaba que su situación no podía empeorar más.
—Disculpe doctor, ya me siento mejor… ¿Podría quitarme el suero para irme?— Reaccionó finalmente y habló con la voz temblorosa, estaba a punto de romper en llanto.
—Lo siento señorita, pero debe permanecer en observación al menos una hora más, para asegurarnos de que se encuentra totalmente bien. Por favor conserve la calma— Respondió el doctor en tono con firmeza.
—No. No quiero esperar una hora, ¡Necesito salir de aquí de inmediato— Exigió alterada —¡Si no me quita esto, me lo voy a arrancar y lo demandaré por negligencia médica!— Exclamó entre sollozos.
Sofía se sintió mal al reaccionar de esta manera, el doctor no tenía la culpa de nada, pero estaba desesperada y solo quería salir corriendo tan lejos como pudiera de ese hospital.
—Está bien señorita, por favor conserve la calma— Dijo el doctor avergonzado mientras que con rapidez le quitaba la vía intravenosa y después le limpió la zona con un algodón lleno de alcohol.
Sofía hizo una leve mueca de incomodidad y acto seguido, recogió su bolso.
—Carguen todo a mi seguro médico por favor— Ordenó y luego salió del cubículo, atravesó la sala de espera y finalmente se dirigió al estacionamiento.
Subió a su auto, lo encendió y comenzó a conducir de regreso a la mansión Queen. A medida que aceleraba el auto, su corazón latía más rápido, estaba totalmente cegada por las emociones y todo empeoró cuando recordó la soga que se acababa de colocar en su cuello, ya que en el contrato pre-nupcial que firmó había una cláusula en la que ella se comprometía a tomarse los anticonceptivos recomendados por su médico asignado por su esposo Dallas para evitar esta situación, ahora su esposo podría demandarla y meterla a la cárcel por violar su contrato.
Sofía seguía conduciendo como loca, iba tan rápido que el motor del auto zumbaba como si fuese un avión, hasta que en una intersección se topó con un hombre que cruzaba la calle y por evadirlo perdió el control del auto y se estrelló contra un enorme árbol.