—Perdóname, Ally… no sabes cuánto lo siento, de verdad. No tenía ni idea— Farfulló Sofía abrazándola con fuerza. —Yo también te pido que me perdones por ocultármelo, estaba muy asustada— Dijo la rubia entre sollozos. La confesión de Allison fue como si agregaran más leña al fuego que sentía Sofía hacía su esposo, estaba exhausta de sufrir por ese desgraciado engendro del demonio. Solo quería hacerlo pagar por todos sus pecados, quería ser ella quien hiciera el papel de jueza, jurado y verdugo en su sentencia. La carcel sería como el paraíso para ese monstruo, él tenía que experimentar tanto o más dolor del que había causado. —¡Sofía, ya debes ir a ver a tu madre!— Informó Mónica desde la puerta del hospital. Ambas se colocaron de pie y fueron hasta la puerta, pero antes de entrar, Món

