— Que descanses —suelta Lucía, apagando de un soplido la llama de la vela. Asiento, pensativa. — Tú también. Me había despedido de ella pero realmente no tenía planes de dormir, hoy, precisamente, no podía darme ese lujo. Hace algunas horas. Un puño tocó la puerta, haciendo que ambos dirigieramos nuestra mirada a aquel rectángulo de madera. — ¿Quién es? —preguntó Elijah. Cuando volví mi rostro a él le ví a una distancia considerable pero en la misma posición que antes, lo que me hizo cuestionarme si su cercanía un poco invasiva me la había imaginado. — Soy Jacob. Al escuchar aquel nombre mi anterior malestar se vio disminuido y fue reemplazado por emoción al verle entrar, cosa que no dejé que fuera tan notable como la expresión de sorpresa de aquel al verme ahí adentro. Aú

