05[Club]

1868 Palabras
FARAH SALLOW Al final todos habían aceptado mi proyecto, decidimos empezar de una vez con las reparaciones de una vieja mansión que se encontraba en las afueras de la ciudad, por lo que dentro de un mes y medio o a más tardar dos meses estaría todo listo para el ingreso de todos los que tengan dinero suficiente para pagar una entrada, aunque claro estaba que solo podían ingresar los que tenían el corazón roto o simplemente habían sido engañados por sus antiguas parejas. A la mayoría de los inversores les causó gracia como se escogería e investigaría a los futuros miembros del club. —Nos merecemos una buena fiesta, este es el inicio de un gran imperio. Esto se debe celebrar a lo grande. ¿Te gustaría salir a bailar?, debemos festejar esta gran hazaña- ni me lo pensé, ya tenía muy claro mi respuesta —Por supuesto, deja y me cambio por algo más sexy. Tenía pensado salir de todos modos- ambos nos empezamos a reír por haber pensado lo mismo. —Puedes usar el baño de mi oficina- le guiñé el ojo y entré al cuarto de baño, me lavé todo de manera apresurada y luego salí con un bata y me dirigí a mi clóset, sin duda quiero impresionar esta noche y que mejor que usar mi segundo color favorito Opté por usar un vestido color vino que tenía un gran escote por delante al igual que la espalda la tenía todo descubierta, también me llegaba un poco más arriba de mis muslos. Escogí un maquillaje un poco sencillo, máscara de pestañas, rubor y un poco de labial de un tono oscuro, por último no dudé en usar un par de tacones de siete centímetros de color granate, junto con unos aretes a juego al igual que mi collar de rubíes. Ya por fin lista, me solté el cabello y salí finalmente de ahí. —Lista, vámonos- mis tacones resonaron en todo el lugar, la plataforma del tacón sin duda era bien alta. Reí al ver su expresión de asombro, y noté un pequeño sonrojo en sus mejillas —Estás preciosa, bueno...eres preciosa. No, digo que recién así vestida te ves preciosa, solo es qué..-alcé mi mano, para cortar aquel delirio suyo —Entendí Iván, relájate- hablé riendo y me acerqué para entrelazar su brazo con el mío Él también terminó riendo y ambos salimos del lugar, lastimosamente aquí no se podían apreciar bien las estrellas por tantas fábricas, me abrió la puerta de su auto y me subí en la parte del copiloto —Un Lamborghini ehhh, creí que eras más de los Ferrari- se rio y me guiñó el ojo —Tengo gustos variados cariño- reímos juntos y empezó a manejar Me empezó a entrar una extraña sensación, solo espero y no sea algo malo. —Llegamos, por cierto mi primo también se encuentra. Quiere conocerte mejor- me avisó, le sonreí y al cabo de unos minutos llegamos a nuestro destino, me bajé de inmediato, me sonrió y ambos entramos entrelazando nuestras manos. En el camino me contó que la prensa en su momento habló sobre mi desaparición pero afortunadamente no habían mostrado fotos mías por lo que no me preocupé de que descubrieran quién soy en realidad. — ¿Qué quieres beber?-me gritó casi cerca de mi oído, este club es muy reconocido porque ingresan varios famosos y es muy costoso. —Algo suave, quiero disfrutar la noche sin quedar inconsciente-me guiñó el ojo y asintió para luego pedir nuestras bebidas —Toma, vamos a la zona VIP, allí podremos pasarla mejor- asentí y ambos subimos a esa zona. Sentí un escalofrío recorrer mi columna de arriba hacia abajo, entonces escuché aquella voz, aquella voz que aparecía en mis peores pesadillas y que había estado intentando olvidar. —Sin duda haremos maravillas, señores- giré mi cabeza hacia aquella voz, no importaba que tan alto estuviera el volumen de la música en este lugar, siempre reconocería aquella voz a donde sea que vaya. Y allí estaba, Edmundo. Se le veía más maduro, un poco más fortachón pero sin duda tenía esa mirada de ser un maldito hijo de puta y vaya que era totalmente cierto —Si gustas nos podemos ir- escuché un susurro, volteé a mirarlo. Por un momento lo pensé, pero no había un verdadero motivo para irme y mucho menos por culpa de ese bastardo. —Claro que no, lo pasado es pasado. Ya lo tengo superado y vengo soy más fuerte que nunca-hablé segura, me sonrió orgulloso y me señaló una zona que estaba resguardada por dos guardaespaldas. —Espero y no te moleste, pero invité algunos amigos solo que se me había olvidado decirte- me encogí de hombros, daba igual. Ya no era aquella chica tímida que se escondía detrás de su novio o sus supuestos amigos. Noté varias miradas en mi dirección cuando llegamos y una me parecía curiosamente familiar, sin embargo miré hacia otro lado. —Chicos, les presento a Farah Sallow-le sonríe a todos y no pude evitar mirar más de la cuenta hacia cierto hombre que no dejaba de mirarme desde que puse un pie en este lugar. Sus ojos eran de un azul intenso, y tenía una mirada desafiante e hipnótica. Su barbilla tenía una ligera barba de unos dos o tres días como mucho, sus hombros eran demasiado anchos que sin duda si me acercaba a abrazarlo mi cuerpo terminaría cubierto por completo por él. —Farah, puedes sentarte- miré hacia otro intentando disimularla vergüenza, éramos un grupo de seis personas, incluyéndome por supuesto. Somos tres mujeres y tres hombres, las chicas me miraron curiosas y los hombres solo me sonreían cordiales. Deduje que eran sus novias y eran muy bonitas, tenían aquel toque de elegancia y eso me agradaba, podía sentir un aura agradable en cada uno de ellos y eso me hizo sentir cómoda. —Disculpa la intromisión pero me pareces conocida- su voz sin duda era dulce y tenía un toque cautivador, sin embargo me había vuelto un poco desconfiada pero tampoco me había dado algún motivo para sonar descortés. Le sonreí y negué, seguro me recuerda a esa historia de la prensa rosa, pero me parecía raro porque según Iván no habían colocado ninguna foto mía. —Seguro me viste hace unos años en alguna revista rosa- sus mejillas se tiñeron de rojo y por un momento me recordó a mi antiguo yo de hace unos años, sin embargo mi intención no fue hacerle creer que era alguna tipa de farándula. —Eres la ex de Edmundo Relish- la otra chica fue más directa y por alguna razón eso me agradó. Katrina se la veía segura de sí misma, quien siempre tiene la última palabra, en cambio Caroline se la veía más tímida para su edad y también algo inocente y me daban ganas de protegerla. —Pequeños errores que uno comete- intenté aligerar un poco el ambiente, todos me miraban expectantes menos aquel chico de ojos azules intensos. —Y lo curioso es que tenemos a un...-la chica, Katrina, se detuvo por un gruñido de parte del chico de ojos azules, que por cierto por andar en las nubes no había escuchado su nombre o creo que no lo ha dicho. —Bueno, ¿Por qué mejor no vamos a bailar?-habló para aligerar el ambiente Iván, le sonreí agradecida. Me había quedado dudosa, ¿Qué habría querido decir esa chica? El chico, Nathan, le pidió bailar a Coraline. La chica lo veía con una ilusión que por un momento me llegó al corazón al recordar que yo también había pasado por algo similar hace ya tanto tiempo. — ¿Te gustaría bailar?- le preguntó Iván a Katrina, ella alzó una ceja y me miró de reojo como si me pidiera permiso. —No es mi novio- le dije riendo, ella rio y por primera vez la noté algo insegura pero me terminó sonriendo. —No es mi tipo tampoco- ambas nos miramos y reímos, haciendo que Iván ponga mueca por aquella burla. Ambos se van riendo, y yo no paro de mirar hacia otro lado que no sea el sujeto que tengo frente a mí pero a la vez lo quiero mirar porque me parece muy familiar, extrañamente familiar. —Te ves mejor que la última vez que te vi- lo miré con sorpresa por esa repentina confesión. Luego lo miré curiosa y fijamente, pequeños fragmentos me empezaron a llegar en ese momento a mi mente. Oh Dios, ahora lo recuerdo mejor, no podía creer que después de tantos años de imaginarme este momento por fin estaba sucediendo. —Tú..-susurré mientras las lágrimas amenazaban con salir —Sí, tu salvador. Si me quieres llamar así no habría ningún problema. Es curioso como el destino nos ha vuelto a unir- estaba por responderle pero entonces llegó alguien inesperado. —Lamento la tardanza, Brais, amigo. Espero no estés incomodando a mi futura esposa- mis ojos voltearon a mirarlo de golpe. Aquel hombre llamado Brais alzó una ceja y habló algo en un idioma extraño. —Solo es broma, ¿Te gustaría bailar, bella dama?- por un momento me lo pensé, tenía tantas preguntas que hacerle y sobre todo agradecerle pero también sé que no es el lugar indicado y mucho menos el momento. —Sí, está bien- me tendió su mano y la acepté. Y nos dirigimos a la pista de baile mientras sentía su intensa mirada en mi cuello. Para mí mala suerte empezó a sonar una canción muy provocativa, no soy estúpida. Sé muy bien que le atraigo a Milo, también estoy soltera por lo que no está nada mal. Pronto sentí como sus manos empezaron a bajar hasta mis nalgas, se lo permití pero preferí darme la vuelta y pegarme más a él. Pude sentir como se encontraba duro por la fricción de nuestros cuerpos, sentí su respiración agitada en mi oído y eso me motivó más para seguir moviéndome de esa manera, sin embargo mis ojos me traicionaron y no tardaron en dirigirse hacia el hombre de intensos ojos azules. Me incliné más y empecé a tocarme, noté como se movió ligeramente incómodo, las luces se volvieron más oscuras, sin embargo nuestros ojos no dejaron de verse, gemí al ver que en plena oscuridad se bajaba la bragueta y entonces eso me motivó a moverme más sensual. Su mano subía y bajaba, y eso sin duda me excitó más. —Farah, me vuelves loco- aquel susurro me trajo de vuelta a la realidad, pero aquella adrenalina que sentía me motivó a hacer algo más loco. —Discúlpame- lo aparté y sin dudarlo me dirigí hacia aquel hombre que le rodeaba la oscuridad. En pleno camino lo vi chasquear, pronto las luces se apagaron por completo y escuché como Milo gritaba mi nombre buscándome entre la multitud, sentí como alguien agarró mi muñeca y estaba por defenderme hasta que lo escuché susurrar. —Es hora de irnos pequeña, es hora de reclamar mi premio- y pronto fui absorbida por la oscuridad, por aquel deseo que había guardado por años y esta noche estaba a punto de explotar de placer, y lo haría con mi salvador.
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