Farah Sallow
Me desperté temprano para poder prepararme con tiempo antes de mi presentación pero ocurrió un pequeño accidente mientras estaba en la bañera, pequeños recuerdos llegaron a mi mente y para cuando todo había acabado mi rostro estaba empapado de lágrimas.
Miré de reojo mi departamento, todo se encontraba tan pulcro que me daban ganas de tirar todo al piso. Mi cordura ahora no estaba del todo bien y menos mi estabilidad mental, lo curioso de esto es como lo puedes tener todo en un momento y luego no tener nada, me mordí mi labio mientras me acostaba en el sofá de la sala.
A mi mente venían esos hermosos ojos azules intensos, pero es lo único que recordaba. Mi mente se encontraba divagando en aquel recuerdo, no podía recordar del todo mi intento de s******o y lo peor de todo es aquel recuerdo sobre Sophia Sallow, aquella mujer que me crío desde bebé y me educó para ser una gran mujer, pero quién también me había hecho tanto daño y lo peor es que siempre supe, muy en el fondo, que aquella mujer era mala pero como siempre preferí no creer. Me sentía una estúpida por haber caído en su bondad en aquel entonces, y descubrir que no es mi verdadera madre me dolía aún más, y ahora entiendo porque mi propio padre me odia, yo fui la causa por la que el amor de su vida está muerta y estoy segura que nunca me lo va a perdonar. Había olvidado que Sophia Sallow no era mi verdadera madre, y que fue el mismo Dimitri Sallow quien me lo había revelado a la edad de ocho años.
Lágrimas cayeron de mis ojos, y me repetí varias veces que llorar no está mal y que de esta manera ayuda a liberar mi dolor, recordé como mi madre me había protegido con su cuerpo frágil en aquel accidente automovilístico cuando tenía tan solo seis años, pero también recuerdo que perdí mis recuerdos por el shock del momento según los doctores y que en algún momento de mi vida recuperaré aquellos dolorosos recuerdos. Recuerdo la mirada de dolor de mi padre y sus llantos encima del ataúd de mi madre y… también recuerdo lo inexpresiva que estuve porque no entendía lo que estaba sucediendo. Me tapé la boca para callar mi llanto, no quería alarmar a las personas que estén pasando por casualidad por aquí, cerré los ojos por un momento para luego dar paso a la furia, todos en mi familia sabían lo que me había pasado y nadie se atrevió nunca a contarme la verdad, todos ellos habían sucumbido al dinero de mi padre con tal de su silencio y eso me ponía más furiosa.
Ahora recuerdo muy bien el por qué le dije esas cosas a Sophia Sallow, esos que dicen ser mi familia solo son unos narcisistas que se ríen de la desgracia ajena y encima son unos malditos mentirosos que solo ven por ellos mismos, me dan asco.
Ahora recuerdo aquel día en el que me enteré la verdad, todos ellos lo sabían y no se atrevieron a decirme, cerré los ojos por un momento, debo enfocarme en mi objetivo y dejar lo demás atrás.
Había intentado recordar con todas mis fuerzas aquel hombre que me salvó para poder darle las gracias pero simplemente no podía acordarme más allá que solo sus ojos azules, rogaba por algún día encontrarlo y agradecerle de todo corazón por esta nueva oportunidad que me dio al salvarme.
Pero por ahora solo me quedaría con el recuerdo de esos intensos ojos...
Respiré profundamente, había decidido empezar de cero y lo mejor que podía hacer es concentrarme en crear mi club. Empecé a preparar todo para mi presentación de la tarde, mi amigo había conseguido reunir a todos los inversionistas y no lo voy a defraudar.
Media hora después ya tenía lista las diapositivas, me enfoqué en buscar cualquier mínimo error para corregirlo, cambié varias veces las paletas de colores.
Mi puerta se abrió anunciando el ingreso de alguien, por un instante mi cuerpo se quedó estático pero lo disimulé rápido, aún tenía esos hábitos de ponerme nerviosa pero poco a poco lo estaba enfrentando.
— ¿Cómo estás querida?- le sonreí, nos saludamos con un beso en la mejilla.
—Quiero que todo salga perfecto, estoy bien pero siento que falta algo. En fin, gracias por ayudarme- le sonreí, por un breve momento nos quedamos mirándonos fijo, conocía a Iván desde hace más de diez años, nos habíamos distanciado por Edmundo pero eso ya está en el pasado.
—Siempre estaré para ti querida, eres mi mejor amiga. Cuando me enteré que te fuiste y que nadie sabía a donde, me sentí frustrado por no haber sido un buen amigo para ti pero te prometo que ahora todo será diferente, no pienso separarme de ti- mis ojos se llenaron de lágrimas, hacía tanto tiempo que no escuchaba esas cálidas palabras y no pude evitar preguntarme si todo habría resultado diferente si le hubiera contado mi verdad.
—Yo…- él negó y colocó un dedo en mis labios.
—No es necesario que me digas que te sucedió, sé que no te sientes lista y no pienso presionarte. Solo me gustaría que me prometas que si te piensas volver a ir me lo digas, no importa el por qué, solo me gustaría que te acuerdes de mi- parpadee varias veces para evitar que se me salgan las lágrimas, había estado tan ocupada con mi dolor que me había olvidado de las personas que si me aman.
—Te lo prometo, realmente te juro que no volverá a pasar- por impulso nos abrazamos, tenía tantas cosas para contarle pero simplemente no quería abrumarlo con mis problemas y preocupaciones, sin olvidar que no sabía cómo reaccionaría al saber que soy parte de una de las familias más influyentes del mundo pero también de las más aterradoras.
—No tengo idea qué es lo que te tiene tan preocupada, pero estoy seguro que sabrás encontrarle una solución, eres increíble Farah. No hay nada que no puedas solucionar, eres maravillosa- no sabría decir si era por la vibra del momento, ambos empezamos a cortar la distancia hasta que nuestras respiraciones se cruzaron entre sí, sentí como su mano se posicionó detrás de mi nuca y nuestros labios no tardaron en rozarse.
El sonido de un móvil hizo que nos alejemos uno del otro, miré hacia otro lado todo sonrojada por sentir aquella sensación que hacía años no sentía y que creí nunca volvería a sentir.
Escuché como tosió para aligerar el ambiente, aún sonrojada por lo que había sucedido lo miré y le sonreí algo incómoda.
— ¿Eran los accionistas?- pregunté para cambiar de conversación. Él entendió que no quería hablar sobre lo que casi sucede y asintió.
—Sí, es hora pequeña guerrera. Demuéstrales lo que vales- asentí. Guardé la memoria del USB en mi bolso y ambos salimos del departamento.
El camino hacia su oficina fue silencioso, nada incómodo pero ambos estábamos sumergidos en nuestros pensamientos, me sentía mal por darle falsas esperanzas pero tampoco quería decirle que debía olvidar lo que pasó porque fue en un momento de debilidad, no quería ser cruel con alguien que me ayudó mucho.
—Yo…- empecé a decir pero fui callada por su mano en mi muñeca.
—Farah, sé que no estás lista y si te soy sincero yo tampoco. Podemos dejar esto aquí y fingir que no pasó, por supuesto si es que te parece bien- asentí frenéticamente
—Fue solo un momento de debilidad por parte de ambos, por supuesto.
—Exacto, eso mismo. Si..- asentí y ambos no tardamos en salir de su auto para luego ingresar a su empresa.
Iván Lombardi, heredero de cadenas de hoteles alrededor del mundo, también posee varias empresas de seguros y restaurantes. Iván sin duda es el hombre perfecto para cualquier mujer, alto, corpulento, tez pálida y ojos grisáceos, su hermosa cabellera dorada hacía que cualquiera voltee a mirarle, aún no podía creer que seamos mejores amigos.
—Tu puedes fiera- me hizo una pequeña reverencia para luego señalar el ascensor principal
—Te guiará directo a la oficina central, estaré afuera esperándote- asentí y apretamos los puños.
Luego de unos minutos el ascensor abrió sus puertas y con sumo cuidado ingresé, diez hombres voltearon a verme. Sonreí cordialmente como lo había practicado, empecé con mi estupendo plan, y rogando a Dios para no fracasar en el intento. Dos horas y media después terminé de explicar las grandes ventajas y los millones que ganaríamos por esta maravillosa idea. Muchos de ellos se miraron dudosos y otros se miraban orgullosos como si hubieran ganado la lotería.
—Señorita Sallow, se ve que es un proyecto bien elaborado. ¿Le parece si nos da media hora para pensarlo?, debemos asegurarnos que no sufriremos pérdidas enormes- habló el que parecía el mayor de todos ellos.
—De mi parte no tengo nada más que pensar, estoy dentro- abrí la boca asombrada pero lo disimulé de inmediato.
—Muchas gracias, no hay problema. Esperaré pacientemente la decisión de los demás- todos asintieron y me dispuse a retirarme para darles espacio.
Afuera, como me había asegurado, se encontraba Iván, se encontraba hablando por el móvil pero en cuanto me vio por el reflejo del cristal no tardó en voltearse y abrazarme.
—Que esos viejos no te intimiden, estoy seguro que todos aceptarán- comentó a la vez que colgaba la llamada.
—Si te escuchan que los llamas así te puedo asegurar que no aceptarán- comentó una voz desconocida a mis espaldas.
—Milo, espero que hayas sido el primero en aceptar- le reprochó Iván. Aquel hombre de apariencia parecida a la de Iván asintió.
—Por supuesto querido primo, fui el primero en apoyarla. Espero que en el camino nos volvamos buenos amigos señorita Sallow- tragué saliva al sentir sus labios en el dorso de mi mano, había algo en la forma que decía mi apellido que me volvía sensible ante su tacto.
—También espero lo mismo, señor..- dejé al aire lo que decía esperando que él lo complete.
—Milo Lombardi, a sus órdenes- contuve la respiración. ¿Desde cuándo me había vuelto tan sensible hacia los hombres?
Un silencio algo incómodo nos sumergió, podía notar las miradas que ambos se daban y sinceramente ya me estaba empezando a sentir incómoda.
—¿Sabes si ya decidieron?¿O esperamos un poco más?- le pregunté a Milo pero antes que pudiera responder, uno de los accionistas salió de la oficina y nos hizo una seña.
—Ya tenemos una decisión señorita Sallow, si podría ser amable en ingresar por favor para anunciarle nuestra decisión.
Tragué saliva y asentí, Iván me sonrió al igual que Milo y eso hizo que entrara con más confianza.
Con la mirada puesta al frente ingresé y los miré a cada uno de ellos, en la mano de cada uno de ellos se encontraba, posiblemente, mi gran futuro y no iba a desperdiciar esta oportunidad.
Espero y consiga el apoyo de cada uno de ellos.