13[Cabreada]

2132 Palabras
FARAH SALLOW Tiré el espejo al suelo, miré con atención como se hacía añicos, estaba hecha una furia, la ira me había cegado, otra vez me veían la cara de estúpida, sus palabras aún taladrean mi mente, agarro mis manos y las dirijo a mis cabellos y empiezo a tirar de ellos “Y te hubiera hecho sentir más sino hubieras sido una perra" —¡YA CÁLLATE!- grité y las lágrimas empezaron a caer de mis ojos, vulnerabilidad, inseguridades. Todas aquellas cosas que traté de ignorar por estés años otra vez las estaba sintiendo Caí de rodillas al piso, gemí del dolor al sentir como varios pequeños cristales rasgaban mis piernas y rodillas. Desde lo más profundo de mi garganta emití un gran grito de dolor, mi mente la sentía nublada al igual que mi vista, mi pecho subía y bajaba de manera irregular, estaba perdiendo los estribos —Ya cállate, por favor- pedí entre lloriqueos, sentía que mi cabeza explotaría en cualquier momento, abrí mi boca y empecé a tomar aire en grandes bocadas, lo poco que veía era que estaba cubierta en casi su totalidad de mucha sangre —No soy débil, no soy inestable, soy fuerte, soy mejor que todos- susurré lo que me habían enseñado en el psiquiátrico, oh esperen eso ustedes no lo sabían Lo que había presenciado hace años por culpa de Edmundo me había dejado desecha, tanto que había empezado a tener alucinaciones sobre personas que ya no estaban en mi vida, esa fue una de las razones por la que me fui de Estados Unidos, aunque mi destino nunca fue la India, pagué a alguien para que tomara aquel vuelo y en vez de ir para allá me fui a Londres, había investigado mucho y había encontrado de que en Londres había uno de los mejores psiquiátricos y que sobre todo eran discretos Me diagnosticaron, alucinaciones, pérdida de memoria, estrés, trauma, problemas de ira, ansiedad y por último depresión. Imagínense la cara de sorpresas de aquellos psiquiatras y enfermos, había oído un montón de cosas decir de mi como: Pobrecita, tan joven y ya cayendo en la locura. Aún así intenté poner un poco de fuerza de voluntad para recuperarme, tuve una buena doctora que me ayudó para poder avanzar y su primordial consejo hacia mi antes de ir de ahí fue: “Juega mejor que ellos" Por un momento recuerdo que la miré confundida pero luego entendí lo que ocultaba aquella frase junto con su sonrisa de lado, básicamente me había dicho de que si alguien intentaba pasarse de listo conmigo, yo debería ser más lista que esa persona Empecé a toser de manera histérica luego de haberme perdido un poco en mis pensamientos, miré hacia otro lado donde no hubiera sangre pero me fue imposible es como si todo hubiera cambiado de panorama y en todas partes estuviera cubierto de sangre, me coloqué en cunclillas y grandes arcadas aparecieron desde el fondo de mi estómago, terminando por vomitar lo único que había comido aquella mañana Como pude me arrastré hasta mi habitación, empujé la puerta y me seguí arrastrando hasta llegar debajo de la cama, retrocedí como pude mientras jalaba una pequeña maleta, aún tenía la vista algo nublada pero conocía a la perfección aquellas tantas pastillas que habían tomado tantas veces, tanteando logré dar con la que necesitaba y me las terminé por tragar en seco, miré mi mesita de noche y alcé mi mano y alcancé la jarra que siempre sin excepción alguna dejaba encima de mi mesita, tomé una buena cantidad de agua y terminé por arrojar la jarra a un rincón lejos de mi CLACK CLACK , se escuchó el sonido de la jarra, me agarré la frente y pronto empecé a ver cómo todo a mi alrededor empezó a dar vueltos, terminé por caer de espaldas en la alfombra de mi habitación, y con eso todo se volvió penumbras CUATRO HORAS MÁS TARDE Me removi incómoda, sentía como si un camión me hubiera pasado por encima, me agarré la frente aún sin abrir los ojos, me dolía demasiado la cabeza pero era soportable en su medida, como pude me incorporé y empecé a abrir mis ojos lentamente, parpadee varias veces pues sentía los ojos muy cansados, mi estómago rugió de hambre e hice una mueca. No recuerdo por alguna razón que había comido anoche, como pude me incorporé, no recuerdo cómo es que terminé durmiendo en la alfombra supongo que me caí anoche, mi vista dejó de estar nublada y ahogué un grito de horror, sangre había a montones por toda mi alfombra, miré alarmada a mi alrededor, corrí a mi cuarto de baño y casi me desmayo por lo que me mostraba el reflejo del espejo Ahí estaba, con el cabello enmarañado, con sangre cubriendo toda la mi cara y gran parte de mi cabello, en mis brazos habían arrañones, y tenía un montón de cortes en mis piernas y rodillas, también contaba con una gran cantidad de moretones, las tenía en mi pómulo derecho, en mi barbilla, cuello y también en gran parte de mi estómago. Me agarré la frente intentado recordar lo que había sucedido anoche pero lo único que se me vino a la mente fue Blaz y lo atónita que me había dejado sus palabras Entonces lo entendí, me había dado un pequeño episodio de locura y había sido tan grave que había perdido la memoria de lo que había sucedido en esas horas, miré el reloj digital que tenía al lado y abrí la boca sorprendida eran las cuatro de la tarde por lo que había perdido la calma en la madrugada, recordaba un poco de que no había podido dormir anoche por aquellas palabras que se repetían de manera constante en mi cabeza, una pequeña punzada de dolor se manifestó en el lado izquierdo de mi cabeza, más específicamente en la vena —Oh j***r, debo dejar de pensar o esto se podría manifestar en lugares que no debe- hablé mirándome al espejo, gemí de dolor, mi cuerpo pedía a gritos un baño con urgencia y varias latas de crema para los rasguños y sobre todo los moretones y ni hablar de los cortes que tenía, por lo visto no podría salir de casa al menos tres semanas, ni podría ir a la clínica o les tendría que contar y la prensa podría enterarse en cualquier momento y no estaba lista para que se entere todo el mundo de mis pequeños problemas o bueno... no tan pequeños Me acerqué a mi bañera y abrí los grifos, me senté en el filo mientras esperaba que se llene y se tempere a la vez, suspiré y cerré los ojos, tenía tanto sueño, giré mi cabeza y miré hacia la entrada de la puerta de baño, estaba todo hecho un desastre, no me quería ni imaginar cómo se encontraría mi sala, lo más seguro es que allí haya empezado todo pues había visto la jarra hecha añicos pero no había sangre ahí por lo que aquí no me había empezado a desangrar, sentía mi cuerpo demasiado débil, saber que mi mente me había jugado mala pasaba me cabreaba un montón, suspiré e intenté mantener mi mente en blanco pues ahora que estaba en este episodio de perder la memoria, podría volver a repetirse, afortunadamente la pérdida de memoria era a corto plazo por lo que al pasar los días me estaría acordando de lo que hice Deslicé mi camisón por encima de mi cabeza y la arrojé a un lado, me deshice de mi shorts y mi tanga, para finalmente meterme a la bañera, suspiré de relajación, esto se sentía tan bien, cerré mis ojos otra vez y me dejé embriagar por la relajación tan profunda que estaba experimentando, abrí los ojos y poco a poco el agua se había tornado de color rojizo, suspiré y abrí la escotilla y los grifos para volver a temperar el agua, agarré una manguerita que tenía colocada en la pared del baño y me empecé a mojar mi cabello, por mis hombros caía la sangre que se había quedado pegada a mi cabello, intenté ignorar las arcadas que estaban por salir desde lo más profundo de mi estómago, esto es curioso, solo había sido hace unos años cuando me había dado igual ver sangre de las víctimas y mirénme aquí, teniendo arcadas por mi propia sangre. Terminé por cambiar el agua como cuatro veces, ya lo caía nada de sangre, había ignorado en todo momento el ardor que había sentido al sentir el agua en mis piernas y rodillas. Tragué saliva y me dispuse a quedarme un rato para seguir sintiendo aquella relajación —Me pregunto si no habré llamado a alguien externo de mi círculo- normalmente cuando me daban estos episodios solía llamar a personas que no debería ni recordar, allá en Londres había intentado comunicarme con los que no eran ya mi familia, afortunadamente llegaban a impedirlo y siempre terminaba por cambiarme de número para que no sospechen que se trataba de mi Me enjuague el jabón que tenía encima y me paré, me estiré un poco para agarrar mi toalla y luego me envolví en ella, retiré la toalla y me sequé con cuidado, abrí mi espejo y empecé a sacar varias cremas junto con un botecito de alcohol y algodón , con cuidado coloqué un poco de alcohol en el algodón y me pasé un poco de alcohol por aquellas heridas y empece a sobar, mordí mi labio, el ardor era insoportable pero debía ser fuerte, luego de eso me heché las cremas correspondientes para que sicatrizaran en poco tiempo, boté los residuos al tacho y con cuidado me volví a envolver con la toalla rogando que no roce las heridas, proseguí a caminar con cuidado de no pisar los restos de jarrón e ingresé a mi clóset, suspiré, debía olvidar lo de usar faldas y todo lo que lleve escote, afortunadamente tenía una pequeña parte en la que era toda ropa normal y muy cómoda, sonreí. Había valido la pena no botarla, me había recordar a mi antigua yo —Estoy loca pero no tanto- susurré y me reí bajito como si temiera que alguien más me fuera a escuchar, me coloqué un buzo suelto y una camiseta con muchas manchas de colores en ella, me calze con unas zapatillas de plataforma alta, tendría que tener cuidado a la hora de recoger todo el desastre Ya lista, caminé con cuidado de caer hasta la cocina, intenté mantenerme tranquila al ver el perturbador desastre que había en toda mi sala, varios muebles estaban manchados de mi sangre, me agarré de la barra, tendría que empezar de una vez a pedir muebles nuevos, Empecé a recoger todo con cuidado, a barrer, a limpiar, terminé con cuatro bolsas de basura al lado de la puerta, y eso que les había puesto doble bolsa, pues la mayoría contenía trapos manchados de mi sangre, media hora más tarde hice una orden de muebles nuevos y hablé con algunas personas para que se llevaran discretamente los muebles de mi sala, etiqueté todo lo que había manchado con mi sangre para reemplazarlo de inmediato, las cosas no tardaron en llegar, no me había costado mucho intentar limpiar las manchas, pues obviamente ya estaba preparada por si esto volvía a ocurrir, la alfombra de mi habitación también la reemplacé Suspiré de alivio, varios entraron y salieron de mi departamento, no me miraban mucho afortunadamente pero igual estaba preparada, me había cubierto con mucha ropa encima y me había colocado mucho maquillaje, intenté darles una sonrisa para que no sospecharan y afortunadamente ninguno de ellos los hizo, finalmente para la noche ya me pude sentar con tranquilidad con un plato de comida hecho por mí misma, gemí de placer. Estaba tan hambrienta y exhausta, por ahora no debía mantener comunicación con nadie o sino me podría volver a dar otro episodio, iba en mi segundo bocado cuando tocaron la puerta de mi departamento, intenté ignorarlo pero volvieron a tocar Con un suspiro me paré, me repetí un montón de veces de que sea quien sea no debía perder la calma, me prometí contar hasta diez mentalmente hasta que esa persona se vaya y me deje en paz —¿Quién es?- pregunté a la vez que abría, me tensé de inmediato, era la última persona que deseaba ver hoy —Yo... Farah, de verdad lo siento, yo fui un imbécil y...- alcé mi mano y cerré los ojos fuertemente “Manten la calma, mantenla por favor, Farah", me repetí mentalmente —Ahora no, Brais, por favor. En otro momento, ahora no- rogué sintiendo como poco a poco mi vista se volvía a nublar Oh mierda, ahí vamos otra vez
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