(…) ¡Diablos! Casi pude morir de un coma diabético cuando entré a la cocina y descubrí una pila de delicias turcas con sabor a crema de pistachos dentro. Probé un poco sintiendo que moría de placer. Los hombres y el sexo no siempre eran necesarios para los buenos orgasmos. Mi madre solía regañarme por mi afición a los dulces, pero sin importar las replicas, yo seguía amándolos igual. ¡Cuánto los había extrañado! ¿Debía compartirlos? Gracias a Allah y los cielos, Gianni no fue tan descarado como para meterse a mi habitación y decir que dormiría conmigo cosa que agradecí, para evitarme la pena de tener que verme en la necesidad de sacarlo de allí. No iba a negar que por otro lado también fue decepcionante. Cuando se duchaba olía a fragancia y a…notas aromáticas masculinas que a veces en m

