ESTAMBUL, TURQUIA. Kerem Gurkan no era un hombre fácil, ni lo sería. Tony tenia su punto de vista al respecto, insistía en que me daría una puñalada por la espalda de tener la oportunidad y no estaba de acuerdo al cien por ciento en abrir las puertas de Calabria a Emir. Insistía en que les estaría dando una herramienta poderosa, pero Tony no confiaba en nadie. Yo fui el primero en pensar en los contras, pero estaba seguro, en que faltaba mucho para serle innecesario y entonces, podía aprovechar este tiempo para completar los planes alternos que ya fluían como debian. Neylan estaba en mis manos ahora. Tenia el olor de su cabello impregnando mi almohada y aunque sus juegos eran demasiado para mis ya agobiados deseos, sus ojos verdosos observándome compensaban las tensiones. Me veía con ci

