LIPARI, CALABRIA. Alyssa tragó saliva. Estaba encerrada en un confuso problema. No la quería en su fiesta, pero tampoco podía crear un conflicto y correrla. La copa casi explotó en su mano y el mismo gesto de desden que tuvo para mencionarla, también apareció en su rostro para maldecir su osadía de presentarse en una fiesta, en la que no era bienvenida. Los ojos de Renata Lombardo se posaron plenamente en mi y yo sin temor alguno, sonreí y bebí el dulce contenido de mi copa antes de darle la espalda y crear una conversación solo para demostrar lo insignificante que era su presencia. Alyssa tuvo que enfrentarse a los recibimientos poco deseados y yo continué bebiendo vino. La presencia de Renata no arruinaría mi noche y esperaba que la de la anfitriona tampoco. Su presencia se mezcló ent

