ESTAMBUL, TURQUÍA. Hay tensiones que nunca se corrigen y resentimientos que jamas se borran. Kerem sintió una extraña corriente la primera vez que cruzó miradas con aquel italiano que desde su punto de vista había deshonrado a su hija. Su sola negativa, ya era un problema, pero el caos en la mirada de Gianni Salerno le avisó que con él venía la tormenta. Recordó en sus ojos, su propia osadía de joven, pero hay cosas que deben tener limites y él no los conocía. Admiró la forma en como le miró. No tenía miedo y sus nervios de acero quedaron comprobados cuando con la elegancia típica de un italiano, probó el café turco como si un viejo amigo del pasado estuviera frente a él y no tuviera el peligro de dos balas asesinas sobre su cuerpo. ¿Suegro? Le había llamado suegro como si nada. Vaya ímp

