PALERMO, SICILIA Era de madrugada. Los humores no parecían estar en una buena posicion, especialmente para el Capo de Palermo, quien no habia dejado de dar vueltas en su enorme sala pensando en las posibilidades que tenia y como actuar. Sus hermanos estaban a nada de llegar y él necesitaba conocer exactamente donde estaba parado. Los calabreses estaban huyendo, no porque fueran leales al hombre que los condenó, si no porque sabían que sin importar lo que dijeran, no les creería. Eran cobardes, pero ¿Realmente debía llamar cobardia a morir por las decisiones de otro? Era complicado y los odiaba, pero esa noche no pudo dormir. Escuchó el golpe en la puerta y de inmediato dio su aprobación para dejar pasar a quien esperara del otro lado. Santino apareció pálido y con voz un poco preocupada

