— ¿Desde cuándo apareces en casas ajenas? —reprochó el peliazul con su bolso en el hombro, el almuerzo que había sido para Tae se lo había dejado a Larisa, JunHo sonrió tímidamente sin saber porque sentía las ganas de verla, pero es que lo quería y ya—Vamos, debemos volver al trabajo. — ¿Viniste a ver a Larisa? ¿Está bien? — Sí, no tienes que preocuparte—tomó sus hombros volteándolo y caminando con él para tomar un taxi. No lo dejaría entrar sabiendo que a Lari le incomodaba. A eso de las seis de la tarde, SungMin llegó al departamento agotado y no muy feliz, lucía hasta preocupado. Larisa mecía a Myeong en sus brazos estando en la habitación, la pequeña enredaba sus puñitos en la melena de ella. Tarareó una suave melodía que solía ser una canción de cuna, que una sirena cantara signifi

