POV Tammy Estoy tratando, de verdad lo estoy intentando, de no parecer una mujer que lleva horas admirando sus flores como las señoras de sesenta que se ocupan de su jardín. Pero las verdad es que ahí voy, con el bouquet número veintidós en la mano, girándolo hacia la izquierda, luego hacia la derecha, acomodándolo como si estuviera a punto de exponerlo en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. «Ridícula, Tamara. Ridícula perdida». Sonrío sola. Y suspiro. Porque estas flores no son cualquier cosa, son las que me regaló Dante esta mañana. Una enorme cantidad que no he podido dejar de admirar con la boca todavía abierta y el corazón acelerado. El mismo Dante que me prometió que volvería más tarde, que vendría por su café. El mismo Dante que me miró como si… como si no pudiera resisti

