Una mala acción

1430 Palabras
No me explico esto que siento, se que no debería permitirmelo, sé que debo sacar todo esto que siento, pero ella es hermosa, alcanzó a ver sus labios rojizos y carnosos, y recuerdo, como se relame los labios de forma inconsciente cuando habla y ahora parezco alguien patético que disfruta de verla hablar. Camina hacia mí con esa expresión, limitada dónde no muestra lo que en realidad ocurre por su mente. Y mi piel se eriza, mi abdomen cosquillea, y cuando me doy cuenta mis manos están sobre mi sexo, presiono con fuerza y la erección no cede, me maldigo por sentir esto y maldigo que mi cuerpo responda a su imagen, a su cuerpo, a su simple presencia, a su aroma y a la forma en la que mueve su cabello rojo intenso. Bajo la mirada para evitar el contacto con sus bellos ojos, pero mi mirada se fija en su cintura, su piel blanca y su ombligo que luce un pequeño metal con aquella pequeña ropa, me hace imaginar, que paso mis labios por su piel y relamo cada centímetro de su piel, hasta llegar a su sexo, imagino que mi lengua se convierte en expertise de sus deseos y recorro cada espacio donde ella siente placer en cada espacio donde ella necesita ser tocada. Imagino que toma mis cabellos y me presiona contra ella tan solo puedo imaginar su aroma, el color y el sabor de su piel y está maldita erección se alimenta aún más, siento cómo se endurece en contra de mi voluntad, y con mis manos cubriéndome, respiró profundo mientras ella me besa la mejilla. Mi labios tiemblan al sentir lo delicado de su piel sobre mi mejilla, trago saliva. Tragó tanta saliva como puedo, tratando de decir cualquier cosa, que parezca inteligente pero solo sonrió, y asiento con la cabeza. Nunca me había pasado algo similar, pero ella tiene algo que simplemente no es de este mundo. Salgo en seguida del salón, me disculpo con su madre quien está sentada al lado mío, y voy hasta la cocina, pongo un poco de agua con las palmas de mis manos sobre mi cuello. El calor es demasiado y no me siento seguro de poder controlarlo. Golpeó la barra de la cocina, pero no lo hago con molestia, mi sonrisa se dibuja sobre mi rostro al pensar en lo dulce que sabrán sus labios si tan solo me atreviera a besarlos. —No. No, no… ¡Maldita sea, no! —Pienso con molestia para mis adentros. —Ella ahora es mi familia. No es una extraña, debo sacarme esté maldito deseo. De una vez por todas —me digo a mi mismo como si este reproche sirviera de algo. Después de algunos minutos vuelvo al salón y me despido de la madre de Olivia. —Carolina nos vemos más tarde —le indico y beso su mejilla, beso la mejilla de ambas, y mencionó que tengo un compromiso sumamente importante que no puede esperar. Ellas no se extrañan de mis actividades, así que arqueó una ceja como un simple gesto, New York o al menos la ciudad está alejada si pienso en el tiempo que me tardaré en llegar si me encuentro en esta mansión, tomó mi auto, y después de unos cuarenta minutos por fin estoy en la ciudad. Está es igual que siempre. Con calles nauseabundas, pordioseros harapientos, gente extraña con vestimentas extrañas. En fin es algo a lo que estoy acostumbrado, levantó la mirada, y observó lo alto del edificio, mientras el cielo se nubla —”Es casi seguro que en muy poco tiempo lloverá” —pienso, empujo la puerta y entró al edificio. El lugar tiene un pasillo largo y oscuro, es el mismo de siempre, caminó por el corredor y las pequeñas luces que intentan alumbrar mi camino solo muestran el papel tapiz deteriorado que decora los muros de este lugar, me detengo por un instante y observó que la puerta, negra al final del corredor está cerrada. Mi entrecejo se frunce, —”Está puerta nunca está cerrada, ¿qué estará pasando?” —pienso, y sonrió, últimamente mi mente hace muchas preguntas, últimamente mis pensamientos traicionan mis costumbres. Levantó la mano intento tocar la puerta pero desisto de hacerlo, aprieto los labios y salgo de aquel lugar con evidente molestia, —”Solo viaje hasta la ciudad, para perder el tiempo” —replico en mi mente. Conduzco de vuelta a la mansión, ya es de noche y tal cual lo imaginé, la lluvia comenzó a caer mientras manejaba por este largo camino, dejo el auto, entro en la mansión, las luces están apagadas, la servidumbre parece haberse dormido temprano, intento no hacer ruido y subo por la escalera. Hasta llegar al pasillo, miró para ambos lados y se donde está mi habitación, y se bien dónde está la habitación de Olivia. Algo dentro de mí, me obliga a caminar en contra de mi voluntad en la dirección incorrecta, a hurtadillas con pasos pequeños y silentes, me desplazo sobre el corredor, llegó hasta la puerta de la habitación de Olivia, colocó la palma de mi mano sobre la puerta como si con esto pudiera verla o sentirla. Me siento patético, ladeo la cabeza de un extremo a otro, y me reprocho por tan estúpida acción, retiró la palma de mi mano de la puerta y doy la media vuelta para alejarme, y agrando mis ojos tanto como me es posible. —”Estoy de suerte” —digo para mis adentros. La puerta de Olivia se abre, en realidad no estaba del todo cerrada, y el impulso de mi mano movió la madera. Doy un vistazo con cierta calma la puerta no se abre del todo pero lo hace lo suficiente, Olivia está recostada sobre la cama, y su pijama blanca me deja ver sus piernas, que resaltan de entre las sábanas. Muerdo mis labios, es una sensación deliciosa all verla vulnerable y sexy al mismo tiempo, tocó mi pecho y bajo con sigilo mi mano hasta mi pelvis. Siento como mi m*****o se comienza a endurecer, y lo presionó para tener está sensación de placer que me da al hacerlo. Olivia se mueve solo un poco y no estoy seguro de que sea capaz de verme o que simplemente, sienta la lascivia en mi mirada. Pero su bella figura me hace imaginar que estoy con ella y que puedo probar su cuerpo. Me hace imaginar que estoy dentro de ella, me hace creer que puedo acceder a ella sin ningún tipo de remordimiento. Abro un poco la puerta para observar mejor, al fin meto la mano dentro de mi pantalón y acaricio mi “falo” el cual a cada momento crece un poco más. —Olivia —musito con un tono casi imperceptible, casi sin despegar mis labios. Sueño con Olivia desde el primer momento en que la vi, sueño con sus besos y sus caricias, sueño con tenerla entre mis brazos y que salte sobre mi, mientras entro en ella, imagino que grita de placer, recargo mi peso sobre el marco de la puerta, desabrochó mi pantalón se que no debo pero estoy a punto de sacarme la “polla”. —Julián, ¿qué mierda haces? —escucho, y de prisa sacó mi mano de mi m*****o, este se pone flacido ante las palabras de mi padre. —Papá yo… —mi padre, John me toma del cabello, y aunque quisiera gritar, aprieto los labios, este cierra la puerta de la habitación de Olivia y me jala del cabello, prácticamente arrastrándome por las escaleras. —¿A caso eres idiota? —me cuestiona mi padre. —Papá perdón… —en realidad no se que decir. —Llevas solo un par de días en esta casa y quiero que te quede claro una cosa. Olivia es tu hermana y aunque no te guste así lo debes de entender —me dice mi padre y bajo la mirada. —Por ningún motivo permitiré que ningún hijo mío se comporte como un idiota me escuchaste —Si. Papá —respondo ante su regaño, subo de prisa a mi habitación. Maldiciendo a mi padre, maldiciendo a mi maldita hermana de mentiras. —¿Por qué mi padre se casó con tú madre? ¿Por qué mi padre me obliga a vivir con él? —me cuestionó y maldigo por no ser tan fuerte como mi padre, para poder enfrentarlo, veintidós años de mi vida no son suficientes para poder cuestionar absolutamente nada, a John Taylor.
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