Mis ojos se abren sin que yo esté lista, para comenzar el día, aún puedo ver la oscuridad en el jardín desde mi ventana. Han pasado varios días desde que el capricho de mi madre se cumplió, hoy por fin vivo en está enorme mansión.
Trago saliva para aclarar la garganta, no me puedo quejar, la he pasado bien, la convivencia con mi madre ha sido amena.
Jhon, mi padrastro, se ha comportado bien aunque en realidad sigo pensando en él y porqué dijo que no me conocía, es verdad que no he querido indagar ese tema con él, he mantenido la conversación al mínimo.
Nos saludamos hablamos muy poco y la verdad es que siento que todo comienza a ser diferente, no se me ha acercado, más de lo debido y aquella mirada que conocí en el aeropuerto, por fortuna no la he vuelto a ver.
Se que es una locura, y me maldigo por haber pensado por un momento que Jhon, buscaba algo conmigo, —”Que estúpida fui”.
Hoy debo ir a la universidad, inscribirme, y orientarme sobre todo en esta ciudad, pienso que no me he parado en la calle y debo distraerme. Mi madre me obsequió un automóvil, y aunque hace mucho que no conduzco un auto, se que en este lugar debo familiarizarme con este hecho. Las avenidas son tan largas para llegar a la ciudad que es difícil llegar a pie a casi cualquier lugar.
Me pongo de pie, estiró los brazos y mi espalda, respiró profundo, y una sensación de alivio me invade, es como si sintiera que todo ha mejorado, y aquellos pensamientos, solo fueron un suceso aislado.
Bajo al área principal para adentrarme en la cocina la muchacha ya ha puesto el café y me sirvo una taza, supongo que ella lo preparó aunque no la veo por ningún lado.
Miró el reloj y se que aún es temprano, pero pienso que era mejor levantarme a dar vueltas y vueltas sobre la cama esperando a que sonara la alarma.
Caminó por el corredor de está enorme mansión, y me acerco hasta la sala de estar, ah decir verdad es un lugar increíble, los pisos de mármol y los muebles de colores crema, me hacen sentir en una galería, algo excepcional diría yo.
Dejo la taza de café sobre la mesa de centro, tan solo para amarrarme el cabello, en una coleta, dejó ducharme y en verdad eso me fastidia.
A veces tengo deseos de cortar mi enorme cabellera. Pero sé muy bien que si lo hago me arrepentiré.
Escucho un ruido extraño, en el jardín que está detrás de los enormes ventanales, que por las tardes dejan pasar la luz del sol, sobre la sala de estar.
Maldigo mi presencia en este lugar justo en este momento. Jhon está semidesnudo, en el jardín, al parecer hace ejercicio, y es la primera vez que me doy cuenta de esto.
Observó su cuerpo sin ropa, y puedo notar sus músculos, por mi mente pasa la idea, de que para ser un hombre viejo, su cuerpo no lo refleja.
Cada músculo está en su lugar sus piernas alargadas, son frondosas, al igual que sus brazos y su pecho, el maldito calor que había desaparecido, de la nada llega nuevamente a mi cuerpo.
Observó como Jhon boxea con su sombra y con detalle observó el movimiento de cada uno de sus músculos, hasta que mi mirada enfoca el área de su pelvis.
No soy una “santurrona” hace mucho tiempo que deje de ser virgen y se muy bien que hay debajo del abdomen de los hombres.
Mis ojos se abren como si quisiera enfocar con mayor rango el área de su pelvis, con cada movimiento y cada micro salto que da, me doy cuenta de que está “bien dotado”, sonrió al decir estas palabras en mi mente, mientras bebo café.
Esas palabras me recuerdan a una compañera de la universidad, donde solíamos mirar a los hombres de último año jugar fútbol americano.
Mi mirada se centra en su cuerpo y aunque ya no me espanta está sensación, sacudo mi cabeza pues se que estoy haciendo mal al ver de esta manera al esposo de mi madre.
Ladeó mi rostro, y después me doy vuelta para escapar de esta tentación. Que en realidad es solo eso, una tentación, se que jamás me atrevería a meterme con el hombre que mi madre eligió para su vida, pero eso no me impide ver lo sexy que es el cuerpo de un hombre.
—Olivia, tan temprano y ya estás de pie —escucho la voz de Jhon y me paralizó por un instante.
—Se me escapó el sueño y pensé que estaba sola —respondo ante el cuestionamiento de mi padrastro.
—Deberias hacer ejercicio es muy bueno para el cuerpo —replica Jhon y con cautela hecho un vistazo a su cuerpo, y alcanzó a ver cómo el sudor acaricia su piel.
Este seca su cabello, levantando los brazos y sus axilas con abundante vello me hacen pensar en la gran cantidad de testosterona que tiene este hombre.
No puedo evitar compararlo con los chicos con los que he tenido intimidad, y en verdad hay una gran diferencia, es como si creyera que a esos chicos no solo les hace falta madurar el cerebro.
—Debo irme, o se me hará muy tarde —musito y bebo de mi café sin lograr que mis ojos dejen de mirar el vello corporal que cubre su pecho.
—Espera —me dice —es solo que… —se me acerca lo suficiente, y su aroma me invade, está vez no tiene ese olor penetrante de su loción, está vez es su cuerpo y su sudor son los que me hacen pensar que huele delicioso.
Me quedo fría, no puedo moverme, el se acerca demasiado. A mí. Y es la primera vez que noto lo alto que es al levantar la mirada, para observar sus ojos.
Él lleva su mano a mi mejilla y recoge un mechón de cabello, que evidentemente, no está amarrado con la coleta que me hice.
Lo coloca detrás de mi oreja. Y observó su engrosado cuello, y en él algunas gotas de sudor, que bajan sobre su piel. Con la mirada fija y los labios sellados, suelta mi mechón de forma abrupta, al escuchar la voz de mi madre.
—¿Por qué están despiertos tan temprano? — cuestiona mi madre y doy un paso hacia atrás.
—Cariño no quise despertarte y vine al jardín a hacer un poco de ejercicio —menciona Jhon, mientras camina hasta quedar frente a mi madre.
—Yo… yo solo vine por café, debo ir a la universidad —respondo y se que mi voz se escucha un tanto titubeante.
Mi madre se me acerca y me da un beso en la frente, cierro los ojos y aprieto los labios. Su afecto me hace sentir como la peor hija del mundo.
—Bueno los dejó, debo ir a ducharme —indico y caminó de prisa hasta la escalera.
—Olivia… —dice Jhon.
—Si. —respondo.
—Hoy conocerás al hijo de Jhon, se quedará un tiempo con nosotros… no vuelvas tan tarde.
Me quedo fría ante el anuncio de mi madre mientras los observó sonreír, no tenía idea de que Jhon tuviera un hijo y mucho menos que quisieran jugar a la familia perfecta. Y mucho menos con lo que me provoca el esposo de mi madre.
—De acuerdo… volveré después del mediodía —respondo y subo de prisa a mi habitación.
—”Mierda” —digo para mí misma. Mientras entro a la habitación cerrando la puerta para recargar mi espalda sobre esta.
Siento que me falta el aire, caminó hasta la terraza abro la puerta de corrediza de cristal y aspiró profundo para oler el jardín. Bajo la mirada mientras recargo, mis manos sobre el barandal.
Y observó lo que solo estaba en mi imaginación, Jhon se quita el short n***o que cubría su hombría, no puedo creer lo que veo, mis ojos observan su desnudez por completo y puedo decir que jamás había visto algo como eso, mientras Jhon se lanza a la alberca. Y sus nalgas relucen por encima del agua.