La humedad caliente provocada por la lengua de él, se le queda en los labios que tiemblan de forma involuntaria. Gio sonríe con malicia, al notar el efecto que su cercanía le causa a su jefa. —Eres un demonio. ¿Qué me has hecho, engendro de Satanás? —interpela ella, refiriéndose al embrujo en el que está sumida. El olor que emana de él es tan diferente y delicioso, que se siente anestesiada y sin fuerzas para escapar de su hechizo; pero lo que más le preocupa, es esa sensación extraña que le recorre todo el cuerpo y que no sabe si se trata de corrientes eléctricas o cosquilleos; mas, de lo único que está consciente, es de ese raro sentir que le hace temblar las piernas y que provoca que su pelvis se contraiga. «¿Qué me pasa?», se pregunta aturdida. Nunca antes, ningún hombre fuera de s

