Capítulo decimoséptimo Encerrados en sus propias corazas, gritaban de felicidad Antes de volver al comando central de defensa, Zaira decidió ir a ver en qué condiciones se encontraba la granja de sus padres. Ulica la seguía con su nave. Aterrizaron en lo que hasta hace poco habían sido los magníficos campos de calicantus de su padre. Se había perdido toda la cosecha. La casa, en cambio, solo había resultado parcialmente dañada. Era un edificio en forma de ocho con dos patios interiores, uno de los cuales se utilizaba como un huerto sencillo. Allí era donde cultivaban hierbas aromáticas y medicinales, mientras que el otro era el patio donde realizaban los diversos trabajos de apoyo para el campo y la vida familiar. Zaira se quedó mirando con asombro durante un momento. Finalmente, s
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