Me sentí aliviada cuando Gemma despertó a eso de las ocho de la mañana, comió mucho y se encontraba muy bien. Al principio le costó asimilar el hecho de que estaba con una extraña y no con sus padres.
Fue todo un reto calmarla, explicarle, intentar que confiara en mí, pero luego no quería que la soltara, se mantenía entre mis brazos, y no quería que me apartara de ella. Supongo que por el hecho de que estaba asustada. Hasta el punto que tuve que acostarme a su lado para que pudiera dormir.
Había puesto a cargar mi celular y vimos una de las películas que ya tenía descargadas por Coda.
Pero la noche había caído, y el teléfono satelital no había sonado. Había intentado llamar a Monique y a Amber pero seguía sin saber de ninguna de ellas. Ni siquiera mi padre había llamado.
Todos estábamos más tranquilos, quizás por el hecho de que estábamos alejados de todo y todos.
Intenté mantenerlos distraídos, jugué con ellos dentro y fuera de la casa, Gemma no podía moverse mucho por el dolor en su piernita, así que tuve que mantenerla cargada e ingeniármelas.
Creo que me ayudaron también, me hicieron mantener mi mente concentrada en ellos, pero ahora que están todos dormidos y me encuentro sola con la realidad trato de seguir en control.
Me digo que no estamos bien, que seguro Monique había logrado sobrevivir al igual que Amber y que papá y mamá solo estaban ocupados. Y si papá había dicho que estábamos seguros aquí, era porque así era.
No me había ayudado escuchar la radio, enterándome así de la cantidad de muertos y heridos o desaparecidos. Creí que podría tener una idea del progreso del país al detener lo que estaba ocurriendo, pero la verdad era que los ataques seguían en aumento y no tenían ni idea de cómo detenerlos.
Pero sabía que debían que estar trabajando duro, solo esperaba que la estrategia correcta llegara a ellos y todo acabara lo más rápido posible.
Me encuentro sentada en el sofá con una botella de agua entre mis manos, anhelaba que fuese un té caliente, pero no tenía cómo preparar uno.
De nuevo me levanto, veo por la ventana, y todo está tan tranquilo y oscuro como hace cinco minutos.
Regreso al sofá, me dejo caer y cierro mis ojos.
Las imágenes aparecen en repetición en mi cabeza, balas golpeando el techo del auto, gritos desgarradores, yo corriendo al auto de atrás, abriendo la puerta para ver a dos niñas atrapadas debajo de su madre, una de ellas llorando desesperada...
Abro los ojos de golpe, respiro profundo, paso una mano por mi rostro y trato de controlarme.
Escucho un ruido fuera de la casa y entiendo que se trata de un auto llegando, me siento esperanzada, así que me coloco de pie y abro la puerta.
Observo el auto de Caín y Abel, pero está tan oscuro que no puedo verlos. Mi reloj me indica que son las dos menos veinte de la mañana, el tiempo había pasado muy lento.
Noto que una sola figura se baja del auto, toma un bolso del asiento trasero y camina hacia mi.
Cuando está a un par de metros es que se hace visible para mí y puedo reconocerlo.
—Abel — digo aliviada.
Él me mira como esperando a que diga algo más y se detiene frente a mí.
—Viniste solo.
Él asiente.
—Caín está ocupado — responde y pasa por mi lado entrando a la casa.
Lo sigo y lo observo con atención, en su mano izquierda carga el bolso, su mano derecha está envuelta por una gasa que cubre hasta más arriba de su muñeca.
—¿Estás bien? — pregunto tomando su mano y observándola.
—Sí, esto no es nada — responde y se aleja unos pasos.
—¿Qué te ha pasado?
Él niega con la cabeza y se sienta en el sofá.
—Solo ha sido una quemadura, no es nada de qué preocuparse — sus ojos verdes se fijan en mí —. ¿Tú cómo estás?
No puedo mantenerle la mirada así que la desvío.
—Estoy bien, todo está bien.
—¿Estás segura?
—¿Has hablado con mi tío Jacob? — cambio de tema.
Su expresión una vez más no me muestra nada.
—Él ha estado muy ocupado — responde sacando un par de cosas de su bolso —. Por ahora deben quedarse aquí hasta que sea seguro moverlos.
—¿Y cómo es que tú puedes moverte libremente?
No sé por qué, pero siento que algo no encaja, no ayuda que él se haya puesto tenso luego de mi pregunta.
—Es que, soy un soldado, no es extraño que me mueva por el campo de batalla. Pero, digamos que fui reasignado a una zona de bajo riesgo, que está cerca de aquí. Mi papel es ayudar a descifrar todo esto.
Veo que ha dejado afuera un par de botellas de agua y latas de comida.
—He traído un poco más por si llegas a necesitarlo.
Hay una parte de mí que me dic que indague más, que piense un poco más, pero estoy tan cansada para pensar que no puedo hacerlo correctamente.
¿Quizás estoy siendo paranoica? ¿Por que me surgen más preguntas en la cabeza cuando él lo que ha hecho es cuidarme junto a Caín y ponerme a salvo?
—¿Caoimhe?
—¿Sí?
La forma en la que me mira me hace abrazarme a mí misma, siento que me estudia, que intenta descubrir algo, y lo entiendo así porque yo le miro de la misma manera.
—¿No has dormido nada?
—Estoy bien.
—Tienes que intentar hacerlo, ¿te sientes insegura?
Dejo salir el aire de mis pulmones y asiento. Aunque creo que hay algo más que no me está diciendo, hay una parte de mi que siente que puede confiar en él.
—Nunca sabes cómo pueden reaccionar las personas en medio de crisis como estas, además, cuando cierro los ojos no dejo de ver esas imágenes.
—Lo entiendo —responde —. Pero para continuar alerta debes obligarte a descansar, si no lo haces, el agotamiento no te dejará pensar correctamente si algo volviese a suceder y entonces ¿cómo cuidarás de ellos?
—Lo sé, tienes razón, pero...
—Yo... —aclara su garganta y mira sus manos — puedo quedarme un par de horas si eso te ayuda.
Cuando vuelve a verme, noto la insistencia en sus ojos, como si de verdad estuviese preocupado por mi. Pero supongo que se le había encomendado cuidarnos.
—Quizá pueda dormir un par de horas.
Él asiente varias veces y se coloca de pie.
—Bien, supongo que dormirás aquí en el sofá, esa cama es muy pequeña como para que entres allí también.
—Sí, es cierto.
Camino y me detengo junto al sofá, él se encuentra allí de pie y la diferencia de altura entre nosotros es notoria. Él rápidamente se mueve y agarra el agua y las latas que trajo.
—Pondré esto allá.
Cuando se aleja me siento en el sofá y tomo la manta que había dejado en el espaldar. No me siento del todo cómoda con dormir frente a alguien que no conozco, pero a fin de cuentas, no hay mucho que pueda hacer.
Me acuesto y cubro, y luego lo observo tomar el bolso.
—¿A dónde irás? — la pregunta sale rápidamente.
—Yo, estaré en la cocina, hay cosas en las que debo trabajar — explica suavemente y sin moverse.
—Está bien.
Él asiente y camina hacia la cocina, y lo agradezco, estaba un poco más cómoda de esa manera, sin embargo, mis pensamientos hacen demasiado ruido como para que logre estar lo suficientemente tranquila y pueda dormir.
La casa es pequeña, por lo que si alzó la cabeza y miro hacia un lado, puedo observar a Abel sentado allí con una... ¿computadora?
Trato de no darle muchas vueltas al asunto, no me ayudará de nada en este momento.
—¿Como es que terminaste metido en esto? — preguntó sabiendo que puede escucharme.
—Simplemente se tornó de esta manera —escucharle me hace sentir aliviada, quizás por el hecho de que así no estaba sola.
—Oh, ¿aceptaste ser soldado por tu familia o algo así?
—Algo así, digamos que no he tenido opciones antes.
Siento el peso de sus palabras. Mis padres siempre me habían apoyado en lo que yo decidiera hacer, fueron el soporte que necesitaba para que pudiera soñar. Sin embargo, parecía que Abel no había tenido eso.
—Espero puedas tener opciones en el futuro y escoger lo que realmente quieras.
Respiro varias veces, cierro mis ojos, me digo que estoy bien, está bien bajar la guardia, estoy acompañada, él vigilará por mí, puedo confiar en él, después de todo, nos ha traído hasta aquí y ha estado pendiente de nosotros, lo había mandado mi tío Jacob y él no me pondría en manos de alguien en quien no confía.
—¿No crees que es curioso? — vuelvo a preguntar, luego de un rato
Me siento tan cansada que no sé realmente cómo estoy hablando.
—¿Qué cosa? —su voz me aporta más tranquilidad.
—Que estamos aquí en esta pequeña casa, con tres niños y con una persona que acabamos de conocer —explico sinceramente —. Es decir, tú debes estar acostumbrado a toparte con situaciones que no esperabas, nosotros no, pero mi punto es que damos la vida por sentado. Damos por seguro el mañana y que todo estará bien. Nos confiamos en que habrá un mañana, que lo que tenemos hoy, mañana seguirá allí, cuando la verdad es que todo cambia en un segundo, Incluso, perdemos el miedo a la muerte porque estamos seguros que de que seguiremos viviendo al minuto siguiente, cuando la verdad es que solo tenemos esto, este instante es toda la vida que tenemos segura.
Me quedo en silencio, él no dice nada tampoco, y noto que los latidos de mi corazón han disminuido, mi respiración es más calmada y por un momento, al fin logro sentir un poco de paz.
—Sé que dirás que no es necesario pero — mis palabras salen lentamente —, gracias por este instante, gracias por ayudarme a estar tranquila un segundo.
.
Despierto de golpe al escuchar el pitido incesante, sin procesar demasiado lo que estaba haciendo, corro hacia el teléfono satelital que había dejado junto a la ventana, siento la sabana enredada en mi pierna, pero no le hago caso.
—¿Aló? —mi voz no sale correctamente así que aclaró mi garganta — ¿Aló?
—¿Caoi? ¿Cali eres tú? ¿Estás bien?
Reconozco la voz de inmediato y me siento aliviada.
—¡Amber! ¡Amber eres tu!
—Sí, sí — la escucho animada —. Es bueno poder comunicarme contigo. ¿Cómo estás?
Siento las lágrimas de alegría correr por mis mejillas.
—Estoy bien, estamos bien, ¿cómo estás tú? ¿Cómo están ustedes?
—Yo... nosotros —la escucho solllozar —... papá... mi papá...
Siento una presión en el pecho, mi cabeza no quiere aceptarlo.
—¿Qué pasó? —la escucho llorar y me duele el corazón — ¿Amber?
—Murió, Caoi, murió enfrentándose a esos tipos —explica y siento mis piernas más débiles que nada —, lo hizo para que pudiéramos correr... no sé ni dónde estamos ahora, esto es un desastre, Caoi.
—Lo siento mucho, realmente lo siento mucho. Lo lamento tanto.
Amber era demasiado apegada a su padre, eran muy unidos, así que esa pérdida la marcaría para siempre.
—Ahora estoy con un pequeño grupo, mamá está muy deprimida, estoy intentando resistir con ella, pero realmente no sé qué hacer.
—Está bien, lo estás haciendo muy bien — intentó animarla —. Tienes que ser fuerte, solo resiste un poco más, concéntrate en resistir este día, y así cada día, ¿está bien? Tú eres más atlética que yo, podrás con esto.
—Lo haré, realmente espero que podamos encontrarnos de nuevo.
—Lo haremos, ¿ok? Nosotras nos volveremos a ver y todo estará bien.
—Otro de los chicos necesita el teléfono, debo colgar —dice con su voz quebrada, ella es como una hermana para mí —. Sigo sin saber nada de Monique, seguiré intentando y tú también.
—Tranquila, ella también, es fuerte — digo para mantenerla esperanzada.
—Resiste, ¿está bien?
—Resiste tú también. Te quiero.
—Yo también te quiero.
Y finalmente, la llamada se acaba,
Respiro profundo intentando que el aire inunde mis pulmones pero es muy difícil. Me lastima saber que ella está en medio de la guerra, en medio del desastre y yo estoy aquí más tranquila y a salvo pero sin poder ayudarla.
Miro a través de la ventana que todo está claro, ha amanecido. Miro el reloj que indica que son las siete y quince de la mañana.
—¿Abel? — le llamo y camino hacia la cocina.
No estaba allí, camino hacia el baño y toco la puerta.
—¿Abel? ¿Estás aquí?
Pero aunque insistí no hubo respuesta. Se había ido.
No sé por qué me siento desilusionada al notarlo, supongo que una parte de mi creyó que estaría con nosotros, pero la verdad era que él estaba ocupado en sus asuntos.
Camino al sofá y me siento tomando la manta de nuevo. Me acurruco intentando sentirme consolada y menos helada.
¿Qué estaba haciendo? ¿Por que tenía que estar aquí? ¿Qué iba a pasar ahora? ¿Todo estaría bien de verdad? ¿Volvería todo a cambiar pero para bien? ¿Cuanto duraría todo esto?
Algo blanco está en el suelo frente a mí, así que me estiro un poco para tomarlo.
Es una nota escrita a mano:
Me he retirado a las 7:07. Todo está en orden. Volveré luego.
Una sonrisa melancólica sale de mis labios, al menos tenía un respaldo.