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3413 Palabras
—Rápido, niños, rápido — los apresuro mientras abro la puerta para que suban. Coda sube y le sigue Rubí. —¿Pero por qué tenemos que irnos? —vuelve a preguntar Rubí. —Porque me han dicho que este lugar no es seguro, que tenemos que salir de la ciudad — respondo tomando a Gemma y subiéndola a la camioneta —. Confíen en mi, ¿entendido? Sin esperar una repuesta, cierro y tomo los bolsos que he dejado en el suelo par colocarlos en el maletero. Miro alrededor, todo está en calma, hay un silencio tan espectral que me produce escalofríos. No hay nadie ms, el auto de Abel no se encuentra a la vista y me encuentro con Dios pensamientos enfrentados: querer que no llegue y querer que lo haga. Sin perder tiempo avanzo y me subo al asiento del conductor, mis manos tiemblan tanto que las llaves se me caen. —Ah, vamos — me quejo buscándolas. —¿Entonces qué pasa con Abel? — quiere saber Coda — ¿Vendrá luego? —Estamos por nuestra cuenta ahora — respondo mientras alcanzo las llaves y enciendo el motor. Sé que siguen preguntándome cosas, pero no les presto atención, intentó concentrarme en el camino, en tomar la dirección correcta para no perder tiempo, esperando que la gasolina me permita llegar a algún lugar seguro y lesjos de aquí. Pongo el auto en marcha, aún está muy claro y es algo que agradezco porque podía tener buena visión, sin embargo, si anochecía me ayudaría mucho más a pasar desapercibida y ocultarme. ¿Qué pasaría ahora? ¿A dónde iba a llegar? Toda la zona parecía abandonada, no había a quien pedir ayuda. Aunque echo fuera ese pensamiento, siempre había alguien en algún lugar, siempre iba a aparecer una mano para levantarte... solo tenía que encontrarla. Manejaba más rápido de lo que nunca lo había hecho, tenía la adrenalina corriendo por mis venas y los pensamientos atormentandome. ¿Qué había sido yo exactamente? ¿Un acto de redención? ¿Era cierto lo que había dicho Caín y Abel solo quería sentirse mejor consigo mismo ante todo el daño que estaban causando a cientos de personas? ¿Por que yo? ¿Por que me había escogido a mí? ¿Era una clase de psicopata o algo por el estilo? ¿Se había obsesionado conmigo? ¿Por que entonces Caín decía que Abel era peor que él? ¿Iba a venir por mí? ¿Se iba a enojar y me obligaría a quedarme a su lado sin alternativa? Admiro a la mujer moderna, lo independiente que es, y todas las cosas que es capaz de hacer, la fuerza y valentía que posee. No me consideraba lejos de eso, realmente intentaba ser libre y no necesitar de nadie. Sin embargo, hay situaciones en las que sí necesita un apoyo, si pudiésemos salvarnos a nosotros mismos todo el tiempo, ¿para qué existirían los rescatistas y salvavidas? No tenía miedo de enfrentarme a lo que tuviese que enfrentarme, haría lo que fuese necesario para mantener a Coda y a las niñas a salvo, incluso si eso implicaba sacrificarme, me importaba poco. ¿Por qué había tenido que aceptar tanta ayuda de dos desconocidos? ¿Porque habían nombrado a mi tío Jacob? ¿Qué era yo? ¿Una niña capaz de ser secuestrada a la salida del colegio porque le dicen que su papá mandó a buscarla? ¡Qué estupida había sido! Siento un nudo en mi garganta apretando con fuerza. No quería que aquello fuese cierto, no quería que Abel fuese malo, ni siquiera quería que Caín lo fuera. Por más que no compagináramos del todo, Caín me agradaba, y Abel... había sentido una conexión con él, había algo en él que me resultaba tan familiar. O quizás familiar no era el término correcto sino... cómodo. El tiempo pasa y noto que los niños ya no están hablando, miro por el retrovisor y están solo viendo a través de las ventanas. Quizás al yo no responder entendieron que solo necesitaba silencio. Conduzco y no sé cuánto tiempo transcurre, pero no he logrado sentirme relajada ni un segundo, en cambio los nervios y la adrenalina toman más control de mi cuerpo. Miro al rededor, no hay nada, en algún momento solo he empezado a encontrarme con montañas. Ya ha comenzado a caer la noche, así que miro la aguja de la gasolina y más me altero, tenía que rendir, tenía que apoyarme a llegar a un lugar para pasar la noche, al menos un lugar más seguro. De un momento a otro noto un reflejo en el retrovisor. Intento divisarlo mejor, y es entonces que lo comprendo: —¿Ese es Abel? — la voz de Coda me reactiva. Piso el acelerador con más fuerza y coloco toda mi concentración en alejarme de él. ¿Cómo podía habernos alcanzado? ¿Por qué había salido a buscarnos? Porque debía ser cierto, nos quería en su poder, nos quería en su mira, éramos su juguete y no podía dejarnos ir. Quiero perderlo, pero la vía recta en la que nos encontramos solo nos permite una persecución, una carrera para ver quién vence, y lo peor es que sé lo que va a pasar. Pese a que intento no rendirme, ir más rápido, poner mi empeño para que no nos atrape, la verdad es que no soy muy ágil para manejar de esta manera. El auto se coloca a mi lado, veo que baja la ventana y efectivamente es Abel. Él grito algo que no puedo escuchar pero no me interesa. Solo sigo avanzando. Acelero aún más y lo dejo atrás de mí. Me siento aliviada cuando lo veo detenerse, quizás se había rendido. Pero un segundo de distracción es suficiente para no ver la curva que se aproxima con suficiente distancia. A a velocidad que iba, no estaba segura de poder tomarla sin descarrilar. —No, no, no, no. Piso el freno con todas mis fuerzas y le doy vuelta al volante. Los niños gritan e incluso yo lo hago. Cierro mis ojos enterrando mi pie en el freno y mis manos duelen por la fuerza con la que sujeto el volante. Espero un impacto, espero por algo, pero no llega. Todo está quieto. Abro mis ojos, el auto se ha detenido en el punto exacto y agradezco por eso. —¿Están bien? — pregunto mirando a los niños. Coda está sentado en el suelo y me mira con ojos muy abiertos. —¡Le dije que se pusiera el cinturón! — Reprocha Rubí desde el asiento. —¿Estás bien? — vuelvo a preguntar. El entonces asiente varias veces y luego se levanta euforico: —¡Otra vez, otra vez! ¡Fue increíble! —¡Coda! —Si, otra vez — aplaude Gemma en su asiento. Los miro estupefacta, que los niños sorprendan era algo que ya sabía, pero estos se habían ganado el premio. Dejo salir aire contenido y pego la cabeza del espaldar, intentando situarme un poco. Pero solo un par de segundos son suficientes para que las cosas se dscontrolen y lo afirmó una vez más en el instante en el que la puerta se abre a mi lado. —¿Estás bien? Sus ojos verdes me examinan, su cabello rojo despeinado parece resaltar en lo oscuro de la noche y su rostro esta vez me expresa una gran preocupación que toca mi corazón. —Vete — sale de mis labios, pero es una palabra muy floja. Sus hombros bajan, sé que le ha impactado que se lo diga, sin embargo, él insiste: —¿Seguro no te has lastimado? — pregunta colocando una mano en mi hombro y con la otra mi mejilla, desliza su dedo por ella y noto que seca lágrimas que no sabía que habían caído, El calor que pasa por el contacto me hace notar lo helada que me había estado sintiendo. —¡Suéltame! — me desespero alejando sus manos — ¡Solo vete! —Caoi, por favor, solo hablemos— su voz intenta mantenerme calmada, pero produce el efecto contrario. —No quiero, solo vete. —¿Qué está pasando? — pregunta Coda — ¿Hizo algo malo? No sé cómo responderle, le había dicho que Abel era bueno, que podía confiar en él, que confiara en él. Se habían llevado bien, incluso pasó un buen rato hablándome de Abel horas atrás. —No, ella solo está confundida — responde Abel —. Cree algo de mí, pero tengo que explicarle. —¿Qué es lo que vas a explicar? — estallo de coraje — ¿Vas a decirme que no es cierto y esperar que te crea? ¿Vas a convencerme o a obligarme a que me quede contigo? ¡Déjanos en paz! ¡Solo...! Él estira su brazo frente a mí, toma las llaves del auto y se aleja un par de pasos.lo hace tan rápido que apenas logró entender lo que ha hecho. —Solo bájate, necesitamos hablar — dice seguro, guadañado las llaves en el bolsillo de su pantalón —. Déjame al menos explicarme. Estoy impactada de lo que ha hecho. Su postura es firme pero sus palabras no se escuchan autoritarias, —Hablen, Caoi — dice Rubí —. Mamá y papá siempre decían que hablar los mantenía unidos. Si se pelearon tienen que hablar. —Sí, Abel es bueno — insiste Coda. Dejo salir un suspiro mientras pego la frente del volante. Aún si corría y me alejaba de él, tengo tres niños con los que no puedo escapar a pie. —Quédense aquí y no salgan hasta que yo les diga, ¿entendido? —Sí, señora — responde Coda. —Sí— dice Rubí —. Son adultos, resuélvanlo. Me bajo del auto y cierro la puerta. Luego avanzo para acercarme a él, quien se ha parado metros más atrás. Me acerco a él, cuando sé que debería alejarme, pero no es como si tuviera otra opción. ¿Por qué tiene que ser de esta manera? —¿Vas a negarlo todo? — es lo primero que pregunto. —No — responde firme pero suave —. Lo que te ha dicho Caín es cierto. Siento que me golpea su respuesta, su confirmación no era lo que quería y me sorprendo por estar esperando que lo negara. Yo quería que fuese mentira, que él no fuese malo, que eso no estuviera pasando. El nudo en mi garganta se hace más grande, trago intentando pasarlo pero es imposible. —¿Entonces qué es todo esto, Abel? ¿Qué es lo que quieres? — me abrazó a mí misma — ¿Por qué viniste a buscarme? Él me observa, ladea su cabeza, abre la boca para hablar, pero no lo hace. —¿Qué? ¿Qué es? —Yo solo quiero asegurarme que estés a salvo. —¿Para qué? — siento amargura destilar de mi voz — ¿Para sentirte mejor contigo mismo por ser un monstruo? ¿Un pequeño acto de caridad para calmar tu retorcida consciencia? Quiero retractarme de mis palabras cuando veo en su rostro que le han afectado. Me da la impresión que ha decidido dejarme ver lo que siente o piensa en la expresión de su rostro. —No, no es nada de eso. Yo... sé que no puedo hacer que dejes de verme como el malo justo ahora, quisiera negar que soy un mercenario y que pertenezco al grupo terrorista que te ha arrebatado tu hogar y a esas niñas sus padres — abre sus brazos y los deja caer —, pero no puedo. Eso se siente como un golpe directo a la boca de mi estómago. Y me asusto a mí misma porque no quería escucharlo, no era eso lo que quería que dijera. —Te lo dije, mi vida simplemente resultó de esta manera. —Dame las llaves, por favor, déjame irme — extiendo mi mano hacia él, mi voz tiembla más de lo que puedo controlar —. Déjame irme. —Por favor, escúchame — pide avanzando un paso, yo retrocedo — . Por favor, déjame terminar. —¿Para que me obligues a quedarme contigo? —No quiero obligarte. —¡Pero es lo que estás haciendo! — exclamo con fuerza — ¡Me estas dejando sin opción! ¿Qué es lo que quieres de mí? ¡No sé qué es lo qué haces! ¡No sé si de pronto te has obsesionado conmigo de forma enfermiza, porque no entiendo para qué querrías salvarme! Entiendo que mis palabras son rudas y no sé si lo está actuando, pero parece que le afectan. —Está bien — responde lentamente —. Ten, aquí están, puedes irte ahora sí eso quieres. Me sorprende, saca de su bolsillo las llaves y se acerca con su brazo estirado hacia mi. —Aquí están tus opciones, puedes tomar las llaves e irte a lo desconocido con tres niños, o esperar por lo menos a que te dé mi explicación y decidir. Lo miro a los ojos, esos que antes eran inexpresivos, en los que no podía leer nada, pero ahora parecen estarme rogando que le dé una oportunidad. Debería tomar las llaves y correr. Así que estiro mi mano, tomo las llaves... pero soy débil. —¿Qué es entonces? — cedo sin siquiera alejarme. —No te he tomado como camino para calmar mi consciencia — comienza a explicar lentamente, como si quisiera que sus palabras me quedaran claras —, porque no hay nada que pueda hacer para enmendar las cosas que he hecho, no creo que exista algo que me ayude a encontrar la redención. Mi respiración se acelera al igual que mi pulso. Mis argumentos chocan entre sí. Todos merecen una segunda oportunidad. Él es un monstruo. —No te he ayudado por ti, ni siquiera por mí — su voz tiembla, aclara su garganta y continúa —. Te he ayudado por el ángel que perdí. No sé cómo sentirme al respecto, ¿había otra chica? —Ella fue la única familia que conocí, no sé qué fue lo qué pasó con mis padres, unos dicen me vendieron y otros que me alejaron de ellos, pero estaba tan pequeño que no puedo recordarlo. Lo único que sé es que ella me ayudó, siempre se mantuvo cerca, estuvo pendiente de mi, a pesar de que sabía que había terminado atrapado en esta organización, se preocupó por mí como una madre. Pero por mucho que entrené, por mucho que intenté mantenerla alejada, la encontraron y... no nos dejaban tener ningún lazo, de ningún tipo, así que cuando se enteraron... yo quise evitarlo, intenté llegar a ella pero fue muy tarde. Baja su cabeza, su voz se quiebra y mi pecho se comprime, no tenía idea de eso, no pude haberlo imaginado. Debió generarle muchos traumas y yo no debería estar pensando en esto pero... —¿Y por qué yo? ¿Por qué escogerme a mí? Él aclara su garganta, no me mira cuando responde. —Caoimhe, de todos los nombres en el mundo, ese era su nombre. Por un instante, me afecta, quiero creerle, quiero aceptarlo... pero puede estar jugando conmigo. —¿Y qué es esto? ¿Batman y Superman parando de matarse porque su madre se llama Martha? Él me mira impactado y frustrado al mismo tiempo. —¿Qué? —Abel, yo no... esto... —Sé que es difícil — él se acerca más a mí, haciendo que lo vea de nuevo, quiero alejarme pero no puedo —, es difícil creerlo, pero te estoy diciendo la verdad, rondábamos por tu casa porque teníamos que estudiar todo para lo que iba a suceder, un día escuché que alguien gritó tu nombre y me sentí intrigado, quise dejarte pasar pero no pude, me sentía atraído hacia ti, no podía detener en ese momento todo esto, así que por lo menos quería salvarte — coloca una mano a un lado de mi cuello y con su pulgar acaricia mi barbilla —. En principio solo haría que salieras de allí, pero no pude dejar de pensar en ti, pensaba si necesitabas algo, si te habías herido, si estabas bien o no, así que me decía que solo te vería una vez más, pero se convirtió en otra y en otra. —No me hagas esto — susurro y sé que las lágrimas han empezado a salir de nuevo. ¿Por que me afecta tanto? —Lo siento, sé que es demasiado que procesar, no espero que me correspondas, no espero que sientas lo mismo, no te he cuidado para que me des algo a cambio, no sé por qué lo he hecho, solo lo he hecho — coloca su otra mano en mi cuello y pega su frente de la mía —. Por favor, solo quédate, déjame mantenerte a salvo. Su voz insistente se escucha como un ruego que toca mi corazón, nunca nadie había hecho algo así por mi, nunca nadie me había confesado sentimientos tan profundos, ni me había sujetado de esta manera, ni me había insistido así. —Por favor — pide alejando su rostro, y mirándome a los ojos —, si no puedo tener tu corazón, al menos quiero asegurarme de que siga latiendo. Mi cuerpo actúa por su cuenta, como si hubiese sido llamado por él, y me acerco un más, quiero abrazarlo, realmente quiero decirle que está bien, quiero decirle que me agrada y que me siento cómoda junto a él... Pero una madre desesperada, que scubrió con su cuerpo a sus dos hijas, aparece en mi mente, junto al padre que hizo todo su esfuerzo por sacar a su familia a salvo, los cuerpos tirados en el suelo a mi alrededor, el olor a pólvora y sangre, Amber perdiendo a su padre y tratando de mantenerse a salvo con un grupo de personas también asustadas, Monique sin dar señales de vida, el hospital en Código n***o manteniendo a mi madre ocupada... ¿Dónde me dejaba esto? —Lo siento — retrocedo quitando su agarre de mí —. No soy así de fuerte, Noto la decepción en sus ojos, quiero retractarme pero no puedo. Solo le doy la espalda y camino hacia el auto. No era justo. No era justo que sintiera que alguien me atraía como él lo hacía y no podía darme la oportunidad de averiguar por qué o hasta qué punto llegaba por su posición en la guerra. —Tienes miedo — exclama detrás de mí y me detengo —. Tienes miedo de aceptarme, tienes miedo de aceptar que quieres quedarte conmigo por lo que he sido. De pronto aparece frente a mí impidiendo mi paso. —No me hagas esto, por favor. —Lo siento, ya lo he hecho. —Detente. —Tienes miedo, tienes miedo de aceptarme y yo solo tengo miedo de perderte. Estoy llorando y quiero dejar de hacerlo. —No puedes decirme esas cosas, por favor. Abel. Basta. —¿Por qué? ¿Por qué quieres que me detenga? — avanza hacia mi con cuidado pero con firmeza — Porque estás luchando contigo misma, ¿no es así? Porque experimentas el mismo sentimiento que yo y no lo quieres, porque defines a tus héroes a partir de lo que has escuchado, leído o visto , pero la verdad es que no sabes todo de mí. Trato de no seguirlo escuchando, paso por su lado para ir hacia el auto pero él toma mi brazo deteniéndome. —Sé que no hay nada que pueda hacer para no ser lo que he sido — sus ojos insisten, su voz persiste, él está desesperado —. Aquí voy a decirte algo que te permitirá quedarte conmigo, al menos el tiempo suficiente para que estés a salvo, no va a cambiar mi pasado, así que no espero que me aceptes ni a esto que sé que hay entre nosotros, pero te permitirá estar en paz. —¿Y qué es? — noto muy tarde que se escucha desesperado de mi parte, le había dado la razón y yo quería un buen motivo para lidiar con el remordimiento. Él no parece sorprendido, pero sí un poco decepcionado, no obstante continúa: —En lo que Caín y yo estamos trabajando, es en detener todo este movimiento enfermizo que es mucho más complejo que solo un ataque terrorista.
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