Llamada oportuna

1853 Palabras

–Ema, espera. –Me alcanzó en la recepción de la clínica, me tomó por el brazo para detenerme. No era que pudiera explicar su expresión, estaba sorprendido, angustiado, no sé. Yo, por mi parte, le puse cara de fastidio. –¿Qué te pasa? ¿Por qué dices esas cosas? Que yo no valgo la pena, que...ya no me quieres. –Porque son la verdad, Fernando, por lo menos yo tengo el valor de decírtelas en la cara. –Ya había comenzado, no podía retroceder. –Sé que vas a decir que has dado la cara por la bebé y si, es verdad, hasta ahí las cosas están bien, pero no puedes pretender que yo te atienda y te agregue a mi grupo de pre parto. –¿Por qué no? Yo soy el padre, y me he comportado bien con ella y contigo, sí, me equivoque y tu llegaste, me disculpo, te pido perdón. –No tienes por qué pedirme perdón. –

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