Abrí mucho los ojos, percibiendo que esa historia debió haberse extendido por toda la familia. ¿Así que es por eso que me miraba raro todo el tiempo? Santa mierda. —Sí, pero es que… —Traté de justificarme, avergonzada. —¡Maya, gracias! —Me interrumpió, sonriendo. —Siempre he querido hacer eso con esa molestia, así que gracias por haber hecho lo que nunca tuve el coraje de hacer, ¡eres la mejor! Ares dejó escapar una breve risa. Hasta el día de hoy, no me ha reprendido por haber hecho lo que hice. Creo que sabe que yo solo estaba tratando de protegerlo. —Ok, aquí está. —Oscar finalmente regresó, extendiéndole una memoria USB a Ares. —Tu regalo de Navidad. —Tengo unas siete de esas. —Gruñó Ares. —El regalo no es la USB, mocoso, es lo que hay en él. Tuve que pagar para convertir ese vie

