Me encantaba andar de la mano de Alejandro por todos lados, además, creo que éramos la pareja perfecta, él un hombre de cabellos negros, alto, ojos oscuros, y rostro inespresivo, y yo, yo era todo lo contrario a él, mis cabellos castaños, ojos verdes, boca rosada y piel pálida, además, aunque no era tan baja, delante de él parecía un renacuajo, o mejor dicho, como el decía, yo era una pequeña coneja y él un enorme león que solo queria devorarme siempre. —Por favor, tenemos una cita con la ginecóloga … —dijo Alejandro en la recepción de la clínica donde estábamos. Alejandro y yo estábamos teniendo sexo sin cuidarnos, y pues esa mañana él había decido acompañarme al ginecólogo para que implementarán algún mecánismo que nos cuidara. Había insistido en ir sola hasta ahí, pero no, él insistió

