No sé absolutamente nada de Alejandro, ni quiero saberlo. Su olor me tortura, su voz, su boca, su altura; en fin, todo de él lo hace, y se que tengo que mantener la distancia para no morir en este intento de venganza. Suspiro al recordarlo, «¿Por qué tiene que ser tan guapo?». Es lo que pienso mientras meto las galletas en el horno. Todos los fines de semana, o cuando puedo, les preparó aperitivo a mis hijos, salgo con ellos y los llevo a pasear,es como una especie de costumbre que tengo con ellos. —¿Preparando galletas? —pregunta Cooper a mi espalda. Me sobresalto, pero controlo mi compostura. Últimamente todo me pone nerviosa, tal vez sea el hecho de que ahora con el poder que manejo tengo a muchos enemigos, o simplemente es por el atentado que tuve, en fin, debo cuidarme y lo sé. —

