—Siéntate en mi regazo —dijo, con una sonrisa juguetona que ocultaba su intención de dominación. Greta dudó, sintiendo un estremecimiento recorrer su cuerpo. Sin embargo, algo en la forma en que Vicenzo la miraba, la empujó a obedecer. Se sentó con cuidado, sintiendo la firmeza de su cuerpo debajo de ella, una vez más atrapada en su poder. —Ahora, recuerda quién eres —murmuró Vicenzo, con voz profunda y grave, mientras una mano se posaba posesivamente en su cadera—. Eres mi esposa. No olvides eso. —Espero que pronto tengas buenas noticias para mí —continuó, acercándose un poco más, su aliento cálido acariciando su piel—. Un pequeño regalo que espero recibir en breve. Greta frunció el ceño, sintiéndose repentinamente incómoda. Sabía a qué se refería. El hijo que él tanto deseaba. ¿Qué c

