Gotas de lluvia salpicaban el cristal de la ventana y Andrea sonrió al observar a una pareja que jugaba bajo la tormenta. Parecían tan enamorados que por un momento sintió una aversión inexplicable contra ellos. Gritaban y reían como si estuviesen solos en aquel lugar, y la forma en que se miraban era tan auténtica, que le provocó un nudo en la garganta y una opresión en el pecho que bajó hasta su estómago, formando una especie de nudo casi doloroso. Había pasado una semana desde la llamada de Alberto a sus padres, y dos noches después de la terrible experiencia en esa misma habitación, Andrea decidió escapar y regresar a su país. Estaba segura de que él dormía cuando salió de la habitación. Fue sigilosa. Incluso decidió salir sin zapatos para no despertarlo, y trató de despistar a t

