Gus abre los ojos, está amaneciendo, lo sabe por la luz que entra por la ventana. Mira a su alrededor, en un sofá cama duerme Evelyn, quisiera compartir su cama, pero no puede levantarse. La recuerda en la piscina, lo que hizo fue una idiotez. No lo merecía. Aunque, si era sincero consigo mismo, en ese momento sí que lo pensaba y lo disfrutó. La enfermera entra en ese momento y al mirarlo, le regala una sonrisa; demasiado coqueta, piensa Gus, pero lo deja pasar. ―¿Su novia? ―le pregunta indicando a Evelyn con desprecio. ―Así es ―responde Gus. ―Tiene suerte ―comenta con ironía. Gus no responde. Conoce ese tipo de comentarios, él mismo lo ha hecho en más de una ocasión. ―Tome ―le dice ella, coloca una pastilla en los labios del hombre, rozándolos con las yemas de los dedos―. Hoy

