Así es como Rossy es bien vista por la sociedad, la sonrisa que mantiene en su rostro es digna de una señorita como ella, en dicha fiesta la más joven de los hijos de Frederick ve como sus hermanos parecen estar entretenidos por las muchas damas que se pasean en la fiesta, anteriormente su padre había mencionado algo relacionado con el matrimonio, sus hermanos tendría que agrandar la familia en algún momento de sus vidas, sin embargo, no se esperaba que fuera tan pronto, Rossy nota como una muchacha de cabello castaño claro y vestido rosa, le da coquetas sonrisas a su hermano Orlando, quien tiene una sonrisa diferente, parece encantando con ella, por no mencionar a Giovanni o Massimo, ellos estaban muy bien acompañados. Rossy no puede ver donde se encuentra el molesto de Alessandro o Francesco, sea lo que sea, esperaba que ellos estuvieran bien.
Y sí que lo estaban.
Pero, ahora mismo ella busca a sus amigos, lo intenta desde hace unos segundos cuando las esposas han vuelto cada una a su platica o en busca de sus hijos. y si bien no hay casi nadie de su edad, puede ver a los gemelos, los cuales se encuentran platicando con adultos quienes tienen una expresión de incredulidad, los gemelos han hecho aquel truco de confundirlos, claro, aun estando su madre presente, la cual solo puede jactarse de ser la única en encontrar las diferencias entre sus hijos.
—Ustedes siempre quieren confundir a los demás. ¿No? — Rossy llega con estos, puede distinguirlos brevemente y si no le hablan al mismo tiempo, sería más fácil, como siempre, ellos visten de la misma manera, no hay diferencias en sus vestimentas, esto la hace pensar en que, para dentro de unos años, si es que no llegan a aburrirse, lo seguirán haciendo, no tenían remedio, se dice la chica. Uno de los gemelos sonríe hacia Rossy, esta vez, ve a Gregori dirigirse a ella.
—Es nuestro pasatiempo favorito, ver como sus rostros se deforman en confusión plena, de hecho, es algo que no perderá gracias. — El chico Novicokv ríe, llamando la atención de su hermano. — Te ves muy bien, querida Felicce. —Le alaga Gregori, él mantiene una distancia prudente hacia la chica de cabello rojo, recuerda aun como le dio aquel golpe en el estómago con tal de alejarlo y darle algo de su espacio personal, aceptaba la culpa, no fue la mejor manera de dar una primera impresión, pero, desde ahora, sabía que no tenía que hacer esto, menos cuando se trata de una chica que puede dar golpes como un chico.
—Luces como la futura reina que serás un día. — Gregorio es quien dice esto, y no negara que ha quedado maravillado con la apariencia tan deslumbrante que mantiene, cada vez que la veía, siempre le decía lo hermosa que era. Y, su corazón se aceleraba ante el pensamiento de que, algún día vería a Rossy, esto también sorprendía a Gregori, quien ya sospechaba que su hermano actuaba raro, pero, lo apoyaría tanto como fuera posible, después de todo, era su vida, sus gustos, su asunto. Fin de la discusión.
—Vaya, si parece que uno de mis gemelos está encantado con la señorita Felicce. — Hanna madre de los gemelos dice esto para sí misma, puede ver como su hijo menor por unos segundos, esta levemente sonrojado, piensa en que esta chica realmente le gusta. Las madres saben cosas, y por supuesto, comprende que su retoño está en aquella incomoda edad donde, tendrá implacables cambios físicos, mentales y demás, como ahora, él no se daba cuenta de lo que decía, la escena es adorable para la señora de la casa rusa. — Gregorio querido, ¿No es la chica que te gust?—Hanna es interrumpida por Gregorio, quien se ha abalanzado a su madre para no permitir que dijera más. ¡Había quedado al descubierto! Tenía que evitar a toda costa que su progenitora lo dejara en ridículo, delante de la chica que, efectivamente, le gustaba.
—Madre, ¿Has probado los postres de la mesa de ahí? Estoy seguro de que los amaras. — Gregorio da una mirada a su gemelo, este inmediatamente sabe lo que significa, y es que aun sin hablar, se comprendía muy bien. Y mientras Gregorio se encarga de llevarse a su madre Hanna de la escena, Gregori debe hacer todo lo posible para despistar a Rossy, la misma era demasiado inteligente, duda que funcione, pero, aun así, trataría.
—¿Qué quería decir la señora Novicokv? — Rossy entrecierra los ojos, ya no hay oportunidad de hablarlo, porque ve como madre e hijo se van en dirección contraria a ellos. Esos chicos sí que eran raros. De todos modos, estos le agradaban, pero, quien no lo haría sería el chico Abbey, pensar en este solo hace que la irritación recorriera el cuerpo de Rossy, había algo en Fausto que no le gustaba, quizás su personalidad, o la manera en la que se expresa, pero, simplemente no lo tolera.
—Oh, hablaba de un postre que le gusta mucho a mi hermano, “QueteGust” es una tarta rusa de chocolate bañada en chocolate blanco. — Responde Gregori, tratando de verse relajado por completo, ha sentido los nervios de su hermano, cosa que no diría. Obviamente miente sobre aquella tarta, pero, esto Rossy no lo sabe, ya que no es rusa, pero en caso de que lo investigue después ellos ya no estarán presentes.
El plan perfecto, sin duda.
Rossy tiene algo muy parecido a una duda, pero no dice nada, Gregori se disculpa diciendo que debe ir con su hermano, puesto que aun debían seguir confundiendo a muchas personas, ella desea seguir con su camino, pero ha sentido como era tomaba del hombro, para su sorpresa era Benjamín Abbey, el jefe de la casa británica, siempre mantenía un aura tranquila, ella solo puede sonreír, reconoce a su esposa y a Fausto con él, pero esta otro niño, alguien que no conoce, supone que se trata de su segundo hijo. Este debía ser dos años menor que el hijo mayor de los Abbey, incluso menor que todos los jóvenes pertenecientes a las casas aliadas, lo sabe bien, pero, no saca teorías sobre nada de esto.
—Rossy, quería presentarte a mi segundo hijo, Thomas, ella es Rossy Felicce. — Lo que Rossy puede ver es un niño de no menos de 10 años, tiene ojos oscuros tal como Fausto, pero no desprende la misma aura arrogante que caracteriza al hijo mayor de los Abby.
—Es un gusto conocerla, señorita Felicce. — El niño parece algo tímido y muy pequeño para este tipo de fiestas, pero demuestra buenos modales, cuando ha tomado la mano de Rossy para besarla en un pequeño gesto de educación. Logrando con esto, que la joven Felicce se sonroje, jamás imagino que alguien menor que ella por tres años hiciera un gesto como este, aun así, no deja de parecerle lindo.