Era toda una experiencia el estar rodeada de los brazos de Peter mientras bailábamos una balada de cierre en la discoteca. Mi cara descansaba sobre su pecho, y aunque no me hubiera movido de aquel abrazo jamás, me apresuré a captar su olor como fijando en mi mente aquel instante. Era tan varonil, tan seductor, que mi apetito por él tan solo crecía a cada instante. Todo aquello era nuevo para mí. Sí había bailado con hombres, por supuesto, pero no era mi fuerte el darle el toque romántico a las veladas íntimas. En cambio, esta noche se sentía especial, y era agradable sentir su cercanía, su destreza para bailar, sus caricias tímidas por mi espalda, que me demostraban que ambos estábamos disfrutando de aquel momento por igual. El calor traspasaba su camisa hasta mi rostro haciéndome necesit

