Al instante de recibir el mensaje de Peter avisándome de que volvía a casa, no dudé en salir en dirección a mi apartamento, el lugar que se había convertido en nuestro lugar seguro y la cuna de nuestra relación. ¡Sí, relación! porque aunque en una parte de mi no quisiera ceder en el concepto romántico de un noviazgo, otra no podía sino desear que así fuera. Notaba como el cambio se hacía evidente en mí, lo que no tenía tan claro es si sería algo permanente. Ya dicen que las personas nunca cambian, solo sufren ligeras transformaciones debido a su entorno y circunstancias. Quizá fuera eso y mi anhelo por estar con Peter solo se debiera a esta primera etapa de enamoramiento feroz. Me había sentido extraña sentada entre Richy y mi madre, la vivaracha Tina, preguntándome sin descanso sobr

