Tenia toda la información del próximo viaje de Peter; número de vuelos, días de ida y vuelta de Gran Canaria a Londres y viceversa, alojamiento y traslados que él, seguramente con la intensión de hacerme sentir incluida, me había facilitado. Aproveché cada dato para organizar a escondidas, una pequeña sorpresita y adaptar todo para formar parte de ese fin de semana en la capital londinense y así cambiar de aires unos pocos días. Pero ahí seguía esa parte de mi que no podía estar tranquila ante la posibilidad de que aquella encerrona le molestara más que agradarle, aún así y tras darle muchas vueltas, no dudé en que sin importar las consecuencias, yo debía seguir a mis instintos. A fin de cuentas, era parte de mi esencia, y en pocas ocasiones esta se equivocaba. Me había comportado impa

