Sí, finalmente había ocurrido. La pequeña Stella había nacido. Era, según su padre, una niña tranquila y hermosa, con los ojos azules como el cielo y la piel clara de su madre. Se le escuchaba contenido en aquella llamada tras horas sin saber de él, era lo que esperaba. Yo al igual, quise mantener mi dolor bajo una capa de amabilidad y buenos deseos, dándole la enhorabuena y preocupándome por el estado de salud de la mamá y el bebé. A fin de cuentas siempre debía ser lo más importante en estos casos, ¿no? -Y, ¿tardarás en volver?- pregunté tras un silencio incómodo. En verdad era mi mayor preocupación en aquel momento. -No creo, pero debo poner algunas cosas en orden antes de regresar. -Bueno,...- suspiré, - yo solo sé que te echo de menos. -Y yo a ti preciosa... Suspiré intentando c

