-No puede ser... -murmuré con fastidio, dejando caer la cabeza hacia atrás en la silla. Era la decimosexta vez que sucedía lo mismo. Tenía sexo con mujeres desconocidas en bares, buscando en sus cuerpos el rastro de Karen, pero solo encontraba vacío. Desde la primera vez que ocurrió, Brath me ha ignorado. No me ha dirigido la palabra, y tampoco me he transformado en los últimos tres meses. Yo, un alfa, incapaz de ceder a mi naturaleza. ¿Qué clase de alfa no puede transformarse porque su propio lobo lo castiga con la ley del hielo por haberle sido infiel a su luna? ¡Presente! Solté un suspiro pesado, pasando las manos por mi cara en un intento de disipar la frustración. No me servía de nada. Todo estaba mal. Mi vida estaba en ruinas. Laura se había ido. Se había llevado a los melliz

