⋆⋆⋆ El dolor de cabeza era insoportable. Sentía un martilleo constante en las sienes, un zumbido agudo que perforaba mi cráneo con cada latido. Apenas me moví, el mundo entero pareció tambalearse bajo mis pies. El aire olía a alcohol, a sudor y… a algo más. Algo ajeno. Fruncí el ceño. La luz del sol se filtraba a través de una cortina delgada, de un tono beige descolorido, proyectando sombras largas sobre la habitación. No era mi cuarto. Parpadeé varias veces, tratando de despejar la neblina que enturbiaba mi mente. Me llevé una mano a la cara, cubriéndome los ojos, intentando escapar del resplandor matutino. Pero la realidad no se iba. Seguía ahí, apretándome el pecho con una sensación asfixiante. El colchón bajo mi cuerpo era demasiado blando, distinto al mío. Las sábanas olían a p

