" —No es correcto— murmuré, jadeante, mientras él me apoyaba suavemente contra la pared. Su cuerpo estaba tan cerca del mío que podía sentir el latido de su corazón. Sus brazos me rodearon con delicadeza, como si no quisiera hacerme daño, mientras sus labios se deslizaban con ternura sobre mi cuello, inhalando mi aroma como si fuera lo más precioso del mundo. —Pero te deseamos, te deseamos, al igual que tú a nosotros...— dijo él, su voz ronca y profunda, casi un susurro, mientras me rodeaba con su presencia. Cada palabra parecía llena de sinceridad, como si intentara transmitirme no solo su deseo, sino también su respeto y comprensión. Sus besos eran suaves, llenos de una pasión contenida, pero a la vez tan cuidados, tan llenos de esa dulzura que hacía que mi corazón latiera más rápido.

