Habían pasado ya dos largas horas, y Laura seguía dentro de esa sala de parto. Mi ansiedad crecía a medida que el tiempo avanzaba, y mi mente se llenaba de recuerdos, de emociones agridulces que me inundaban sin piedad. Zack llegó minutos después de mi llegada, y pude ver la tensión en su rostro. Lucas, por otro lado, se veía alterado. Entró sin permiso en la sala de parto, su ansiedad evidente. —¿Qué está pasando? ¿Por qué tardan tanto? —me quejé, ya desesperada por la espera. El tiempo se me hacía eterno, como si la incertidumbre se alargara aún más por cada segundo que pasaba. Los recuerdos seguían golpeándome, haciéndome perder el control de mis pensamientos, y eso me desesperaba aún más. —¡¿Por qué no me dicen qué está pasando de una puta vez?! —gruñí alterada, mi voz quebrada por la

