Dominik.
Me llevo mi tercera copa de whisky a los labios mientras examino todo el lugar en busca de una candidata perfecta para pasar la noche, he estado tan sumido en el trabajo que tengo casi una semana sin cogerme a nadie, así que hoy aunque salí tremendamente cansado del hospital por todo el trabajo que hubo decidí salir a buscar alguna chica.
El lugar está repleto de morenas, pero hoy me apetece tirarme una rubia, sin tener que buscar mucho ubico a una rubia guapa que está sentada con un minúsculo vestido mirándome fijamente, le hago una seña de cabeza para que se acerque y lo hace sin dudar, la chica toma asiento a mi lada y luego de haber recorrido su cuerpo con mi mirada llego a su rostro, es una rubia de ojos azules y labios carnosos muy parecida a otra maldita rubia que conocí hace poco- Por ella has querido buscarte una rubia hoy, no lo niegues- habla la estúpida voz en mi cabeza acusándome ¡Claro que no!
Sin poder evitarlo mi mente viaja a los acontecimientos del día hoy, ha sido tan eficaz, tan ágil, no puedo negar que me sorprendió la forma en la que se desenvolvió sin siquiera ser especialista, me puedo dar cuenta que la pequeña Aisha no es solo una cara y un cuerpo bonito.
— ¿Qué tal la noche guapo? —pregunta la rubia reclamando mi atención.
— ¿Te puedo invitar una copa? —pregunto cortes ignorando su pregunta.
—Claro —responde mientras se acomoda el escote de su vestido y se lleve un mechón de pelo detrás de la oreja en un claro signo de coqueteo.
Esto será fácil.
Unas cuantas copas más después me siento un poco mareado y antes de emborracharme por completo me llevo a la chica a mi departamento, luego de haber coqueteado un poco. Cuando llegamos la beso ardientemente y la llevo hasta mi cuarto, le quito la ropa en un dos por tres y la tengo desnuda sobre mi cama, me lanzo sobre ella y la vuelvo a besar, sin mucho preámbulo me despojo de mi ropa y saco un condón de mi mesita de noche, si alguien viera ese cajón se asustaría, tengo cientos y cientos de condones, nunca en mi vida he mantenido relaciones sexuales sin condón. Saliendo de mis pensamientos hundo unos de mis dedos dentro de la intimidad de la chica a la cual no me sé ni su nombre para verificar si esta lista y efectivamente esta tan húmeda que mi dedo resbala dentro de su sexo, retiro el dedo y me coloco en medio de sus piernas y la penetro sin contemplaciones, la rubia se retuerce excitada debajo de mi mientras yo me muevo sutilmente dentro de ella y entonces entro y salgo rudamente de su interior, sus gemidos se escuchan por toda la habitación y realmente desearía que fuera un poco más silenciosa. No sé cuántas veces más la penetro hasta que escucho como llega a su desahogo y segundos después yo. Salgo de su interior y me pongo de pie, camino al baño con el condón aun puesto y al llegar me lo retiro y lo lanzo a la basura, me meto en la ducha sin ningún tipo de remordimiento por haber dejado a la chica tirada en la cama, solo quiero que sepa que solo fue sexo casual y que no espere que me acueste a dormir con ella.
Cuando me termino de duchar salgo del baño y me encuentro a la rubia dormida en mi cama, pienso en despertarla pero tampoco puedo ser tan cabrón, tomo una sábana del armario y almohadas y salgo a la sala, acomodo el sofá con las almohadas y me acuesto, no acostumbro a dormir con las mujeres que tengo sexo, luego ellas piensan cosas que no pueden ser.
Con la única mujer que dormiría seria mi madre. Mi madre, hace tanto que no la visito, creo que no debería dejar a mi mama tan abandonada, teniendo en cuenta que soy su único hijo, siempre estoy pendiente de ella y de mi papa y de que no les falte nada pero no me gusta tener que ir a Rusia. No mientras exista la posibilidad de que me encuentre con ella.
Decido no seguir el hilo de pensamientos y me concentro en dormir y logro caer rápidamente en la inconsciencia.
Al despertar a las seis de la mañana como de costumbre me apresuro a ponerme de pie desperezándome, avanzo hasta mi habitación y la chica rubia aún sigue durmiendo en mi cama, me acerco a ella y la despierto, tiene el sueño muy pesado y me cuesta unos minutos, cuando despierta le aviso que me tengo que ir a trabajar y que ella se tiene que marchar, lo hace sin rechistar lo cual me alegra pero antes de irse insiste en que le de mi número de teléfono pero me niego inmediatamente y al final se va enojada.
Sin darle mucha importancia al asunto me doy una ducha salgo y me cambio para salir al hospital, allá desayunare algo.
Al llegar me voy directo a maternidad a ver cómo anda todo para luego salir para desayunar, cuando entro al área confirmo que todo esté en orden y efectivamente así es, hay algunos médicos realizando partos y algunas cesáreas. Cuando estoy a punto de salir una larga cabellera rubia llama mi atención, Aisha está sentada de espaldas en una pequeña silla en la estación de enfermería escribiendo algo en un papel, me acerco a ella por detrás y me detengo cuando toma su cabello y lo coloca todo a un lado y deja a la vista su cuello y la parte trasera de su oreja donde alcanzo a ver un lunar y luego otro en su cuello y a decir verdad nunca un lunar me había parecido tan atractivos. Reacciono antes que ella se dé la vuelta y me coloco delante de ella quien rápidamente levanta la vista y me saluda con una gran sonrisa.
—Buenos días —digo mirándola de manera intimidante — ¿Trabajando desde temprano?
—Sí, Doctor, buen día por cierto.
— ¿Ya has desayunado? — pregunto un poco sorprendiéndome de mis palabras.
—No aun —responde penetrándome con sus hermosos ojos ¡Qué demonios! ¿Hermosos ojos?
—Yo voy a ir a desayunar ahora ¿Te apetece venir conmigo? — ¡Carajo! ¿Que estoy haciendo?
—Ennn yooo, este si— dice nerviosa y al menos eso me alegra un poco.
—Vamos—digo invitándola a ponerse de pie.
Aisha se pone de pie y camina a mi lado hasta la salida algunas personas se quedan mirándonos y yo solo me concentro en observar lo pequeña que se ve a mi lado. Llegamos a la cafetería y la chica que nos toma la orden se aleja mirándome mal y si mal no recuerdo a ella me la tire, seguro debe estar dolida- Normal en las mujeres- pienso para mí mismo.
— ¿Hace mucho que trabajas aquí? — pregunta la rubia sacándome de mis pensamientos.
—Unos cinco años —respondo un poco cortante pero ella no se inmuta y sin embargo me sonríe, es tan impredecible.
— ¿Hace cuánto que saliste de Rusia?
—Cinco años —espera— ¿Cómo sabes que soy de Rusia? —pregunto intrigado.
—Tu acento —dice rodando los ojos —Tus facciones.
—Oh —digo porque no sé qué decir.
— ¿Cuántos años tienes? —vuelve con otra pregunta, Dios ¿Por qué pregunta tanto?
—Veintisiete— digo y en esta ocasión soy yo que ruedo los ojos.
— ¿Hago muchas preguntas? —y se atreve a preguntar eso.
—Si —contesto seco.
—Bueno lo siento, tú me invitaste —dice encogiéndose de hombros.
—Touche —digo mientras sonrió.
El desayuno llega cuando Aisha estaba a punto de responder y en vez de estar agradecido por la intromisión me siento un poco decepcionado por no haber escuchado lo que tenía que decir. Sin más que hablar ambos desayunamos en silencio y la sorprendo mirándome varias veces ¿No sé en qué estaba pensando cuando la invite a desayunar? no quiero que Aisha se confunda, no quiero que nadie lo haga, lo único que quiero es tenerla una noche en mi cama para que se me quite esta intriga que siento por ella y es muy bonita ¿Quién no querría meterse entre sus piernas?
Es hermosa, inteligente, hábil, tiene bellos ojos y un hermoso cabello rubio pero con un acostón bastara para que se me vaya el interés que hasta ahora me doy cuenta que tenía, solo espero que ella no sea de las que se enganchan, aunque por cómo es me imagino que no, es increíble todo lo que tenemos en común, cosas que ni siquiera tenemos que decirnos, cosas que se ven a primera vista.
—Que callado Doctor, por cierto ¿Prefieres que me dirija a ti como Doctor Thompson o simplemente como Dominik?
—Como quieras —digo restándole importancia aunque si lo pienso mejor ambos me parecen excitantes saliendo de sus labios.
—Dominik entonces —dice con una sonrisa coqueta, ya no tengo dudas de que me la quiero coger espero que ella también quiera.
—Dime, Aisha ¿Tienes pareja? —pregunto levente curioso, no es nada más que curiosidad, simplemente me la quiero tirar no es como que quiera tener una relación con ella.
—No —responde sorprendida.
—Creo que ya nos tenemos que ir —digo cayendo en cuenta de todas las estupideces que he cometido esta mañana y un poco apurado por salir de la presencia de esta chica que me mira extrañada pero no dice nada y se pone de pie y me mira extraño, la ignoro y pago la cuenta y la miro indicándole que camine. Llegamos a maternidad en silencio y en cuando pongo un pie en el área me voy a paso rápido a mi consultorio, una vez en mi lugar seguro llamo a Mike, uno de los médicos obstetras para que Aisha trabaje con el hoy.
No sé por qué tengo la sensación de que no debo llevar esto muy lejos, pero joder no quiero parar hasta que la tenga en mi cama gimiendo mi jodido nombre.