Mackenna no podía mentir, le encantaba el vestido que Alessandro le había insistido en que usara esta noche para la cena. Era un vestido n***o de cóctel, pero llamarlo un vestidito n***o era quedarse corto. El vestido se ajustaba a su cuerpo, delineando cada curva como si fuera un guante, pero la tela se expandía con ella. Mackenna estaba convencida de que el vestido era mágico porque se sentía recogida pero a la vez podía respirar, y no dejaba de admirarse de lado en el espejo. No sabía qué tipo de material suave y lujoso estaba hecho el vestido, así que les decía a todos que estaba hecho de alas de ángel y polvo de hadas. El vestido tenía un cuello simulado que llegaba hasta debajo del cuello, lo que ella había bromeado diciendo que le recordaba el cuello de un sacerdote, la tela es

