Armand y Luisa estaban por abordar el tren a Chicago, habían decidido viajar por la tarde para llegar por la mañana del siguiente día. Pero Luisa todavía era asediada por sus admiradores, así que él subió al tren dejándola atrás. Estaba cansado y el dolor de cabeza comenzaba de nuevo a presentarse. Cuando ella llegó al compartimiento, él estaba con los ojos cerrados recostado en la cama intentando quedarse dormido. ―¿De verdad piensas dormir toda la tarde? ―la voz de Luisa intensificó su dolor. ―De nuevo tengo dolor de cabeza, por favor, Luisa. Ahora no. Luisa suspiró, miró con tristeza cómo había cambiado Armand en tan poco tiempo. Se recostó a su lado y lo abrazó. Armand le dio la espalda, pues no era el arquitecto el que estaba presente sino el pintor, al parecer, el arquitecto est

