Armand dio un paso atrás, no esperaba una noticia como esa, su esposa había estado embarazada y no se lo había dicho. ―¿Hace cuánto pasó?, ¿qué fue lo que hizo que…? ―Nada, señor. Ni ella misma lo sabía ―justificó Frederic. ―¿Y por qué demonios me das una noticia así en la entrada de la maldita casa? ―Armand azotó la puerta de entrada en las narices del mozo que iba entrando a la casa con las maletas de Armand―. ¡Sígueme! Frederic siguió a su señor hasta la biblioteca, no había querido ser él, quien se lo informara, pero la señora no parecía muy dispuesta a hacerle saber. Pues se había negado a enviarle una misiva. Y, además, su posición como sirviente pagado por Armand no le permitía mentirle, ni ocultarle nada, menos con el historial que tenía. Armand fue a la licorera y bebió un

