Armand se quedó a un lado de Donatella velando sus sueños hasta que estuvo seguro de que ella estaba en el sueño más profundo. Se levantó de la cama la cobijó y salió de la habitación. Caminó por los pasillos de la mansión, como alguien que los hubiera recorrido cada mañana de su vida, cuando en realidad era la primera vez que lo hacía. A él, no le gustaba salir a la luz del día, ni por la noche. Le gusta siempre ser aquel que mira detrás de la ventana cómo se desarrollan las cosas, a veces les habla en susurros a los otros, al pintor y al arquitecto. No le gustaba interactuar con ellos ni con las personas. Solo se presentaba en casos en los que, cualquiera de sus dos personalidades, se sintieran amenazados o lo que vivieran fuera demasiado para ellos. Pero en cuanto supo que se casaría,

