CAPÍTULO VEINTISIETE Catalina subía y subía y, esta vez, los escalones parecían no tener fin. Tenía la sensación de que la estaban castigando, poniéndola a prueba. Tal vez solo le recordaban que era algo diferente a Siobahn, algo menos. A pesar de ello, continuaba, forzándose a subir. Cuando llegó arriba del todo, sentía que estaba a punto de desplomarse. Se acercó a la fuente y, ahora mismo, deseaba que estuviera llena, para poder beber agua fresca de ella. Siobahn estaba al lado de ella, tenía un aspecto elegante y la lluvia no la había tocado. Sonreía y en su sonrisa había crueldad. Estaba allí, mirando fijamente a Catalina en silencio, sus ojos la atravesaban ardientes. Era evidente que esperaría a que Catalina hablara primero. —Yo… no tengo ningún otro lugar al que ir —dijo fin
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