3 Hermanita Rebelde

1511 Palabras
Max. Dejo Delirium con una extraña mirilla de emociones llenándome; rabia, asombro, deseo. Todas ellas provocadas por la mujer a la que llaman la Reina de lo Oscuro, observo nuevamente la cicatriz en mi palma antes de subirme al auto que espera en el bordillo. ­­­-Vamos- no puedo esperar a alejarme todo lo posible de ese club y su frustrante e inmemorial señora. El conductor me lleva directo al edificio ubicado en la Quinta Avenida, donde tengo mi apartamento en la ciudad. Esta noche ha sido una completa locura, mi hermana desaparecida, el trabajo que se ha amontonado en mi mesa y la discusión que he tenido con mi padre. Pero aparto estas últimas dos cuestiones de mi mente para concentrarme en Astrax. Cuando su guardaespaldas me llamó informándome que había desaparecido quise romper algo, a ser posible su cuello por ser tan estúpido. Él es un soldado de élite con una experiencia que dobla los ciento sesenta años que tiene mi hermanita, pero por alguna razón está siempre logra escabullirse. Me hace preguntarme si debería reclutarla como espía para que gaste su energía en algo provechoso. Llamo al vampiro que se encarga de la seguridad de la familia real. ―Tengo una posible ubicación― no necesito decir más para obtener toda la atención de Vladimir― te la paso, espérame. El auto se detiene y bajo sin despedirme. Estoy siendo muy cortante con los vampiros que son parte de mi equipo personal, pero no me siento de humor para intentar ser amable. Asiento al portero que me abre la puerta en una pequeña muestra de gentileza antes de subir directo al ático donde Halec, la mano derecha de Vladimir, me espera. Las puertas del ascensor se abren revelando un apartamento enorme y con decorado ultramoderno, el blanco siendo el color predominante, pero con pequeñísimos toques del viejo mundo. En el comedor hombres y mujeres armados están preparándose para una rápida misión de rescate. ―Señor― siendo el líder inmediato de los soldados que están en mi ático, Halec tiene una presencia dominante y magnética. Al contrario de Vladimir, Halec es de altura regular y con el cuerpo elegante y rápido de un puma, donde su maestro es el típico guerrero de cuerpo imponente. Halec no es demasiado musculoso, pero la camiseta de manga corta que lleva revela brazos  esculpidos en granito. Cabello del color de la miel recogido en una coleta, un arete en su oreja izquierda de oro sólido que hace juego con el dorado de sus ojos felinos que brillan con astucia mal disimulada. Él tiene un atractivo... peligroso, como dicen entre sí las mujeres en los bailes y reuniones en las que  aparece. No es que ninguna de ellas realmente conozca lo que hay detrás de su fachada seria. ―Vladimir me ha pasado la posible ubicación, en las CastKills. He obtenido un mapa del área circundante. Lo acompaño a la mesa de vidrio donde un mapa holográfico brilla en tonos azules. Con sus manos enguantadas señala el área alrededor de la cabaña, explicando su plan de acercamiento y la única entrada y salida conocida del lugar. ―Debe ser algo limpio― digo― entrar y salir, no quiero una sola muerte. Todos me miran extrañados y sorprendidos. Se me conoce por evitar llegar a la violencia, pero cuando se trata de mi familia voy directo a la guerra, por lo que entiendo por completo la forma en la que me miran. Pero algo me dice que debo hacerle caso a la mujer que me dio la información en primer lugar, la única que se atreve a llamarme novato. ― ¿Entendido?― observo fijamente a Halec para que sepa que no es negociable. ―Si su Alteza― su tono es ligeramente burlón. Conozco a Vladimir desde hace mucho tiempo, pero en el último siglo he trabajado más estrechamente con Halec, mientras este se prepara para asumir el cargo de jefe de seguridad cuando Vladimir se retire. En ese tiempo mi amistad con el peligroso hombre de ojos dorados ha crecido lo suficiente para que tales formalismos sean innecesarios cuando no hay ningún político a nuestro alrededor, que pueda tachar de reprochable su comportamiento, sobre todo si está de por medio una copa de whisky escocés. Sonrió por primera vez en la noche. ― No me provoques, recuerda quien gano en nuestra última sesión de entrenamiento. ―Siempre reescribiendo la historia― cierra el mapa antes de ordenar a sus hombres bajar― Aiza haz un reconocimiento del lugar. Aiza es una delgada mujer con el cuerpo atlético y esbelto por el entrenamiento. Su cabello es como fuego blanco atado en una trenza que roza su cadera, de lejos sus ojos oscuros sin pupila son tan intrigantes como la perfección pálida de su piel. Pero sé por experiencia propia que cuando estas lo suficientemente cerca el color granate de sus iris se rebela, llenándote de admiración. ―Si señor― desaparece en un remolino rojo oscuro. Ella tiene la habilidad de desmaterializase, básicamente es tele-transportarse a cualquier lugar que conozca previamente o que tenga una imagen clara del lugar. ― ¿Todavía andan tonteando ustedes dos?― la comisura de sus labios se curvan. Aiza y yo tuvimos una relación intermitente a lo largo de muchas épocas. Recientemente hemos decidido dejarlo por completo y seguir adelante con nuestras vidas. ―Lo dejamos. Halec no parece convencido. ―Es definitivo― insisto. ―Te creeré cuando hayan pasado dos siglos y muchas relaciones diferentes, sin que vuelvan a estar juntos― dice antes de dirigirse al ascensor. Lo alcanzo en un segundo, las puertas cerrándose frente a nosotros. ―Lo hablamos y hemos decidido conjuntamente que la relación no funciona. Bufa. ―Esa cree que te tiene en la palma de la mano, lo único que le gusta más que saber que te tiene, es estar convencida que la convertirás en reina. No puedo negar que hay cierta verdad en sus palabras, pero... ―Yo nunca me casaría con Aiza, y se lo he dicho.- una cuestión que espero, haya quedado completamente clara. Mi relación con Aiza nunca ha sido y nunca será algo serio. Mi cuerpo, alma y corazón, llevan escrito con fuego el nombre de una sola mujer. ― ¿De la misma manera en que dijiste que no volverías con ella, para una década y media después volver a tenerla desnuda en tu cama? ― encarna una ceja. Me remuevo un poco avergonzado por la falta de voluntad que demostré con Aiza, pero aquel era un hombre diferente, un hombre sumido en la desesperación y la soledad. Ahora no caeré de nuevo en aquella trampa en particular, pues estoy más cerca que nunca de cumplir mi objetivo. ―No volverá a ocurrir, Halec. ―Eso espero― su mirada se torna sombría al tiempo que se abren las puertas del ascensor. |*****| Recuperar a mi hermana solo lleva unos minutos, razón por la cual el equipo de rescate solo constaba de cuatro personas aparte de Halec, Aiza y yo. Limpiamos la cabaña y dejamos inconsciente al tal Greg, mi hermana en una pequeña bata de seda roja que apenas le roza los muslos no parece muy contenta de haber sido rescatada, pero me importa un carajo. ―La próxima vez que te escabullas de tu guardia, me asegurare de recluirte. No podrás salir de Cast Hill― le advierto para que cierre la boca y se meta al puñetero auto. Muy sabiamente me hace caso, dando un portazo. ―Definitivamente no te envidio amigo― Halec mira a mi hermana de una forma que no logro descifrar del todo. Pero no es asunto mío, por ahora Astrax no le hace el más mínimo caso, si en algún momento eso cambia esperare, observare y entonces tendré una conversación con Halec. La extraña "fase rebelde" de Astrax hace que tenga un comportamiento que antes nunca fue propio de ella, solo rezo para que termine pronto y la mujer divertida,  fastidiosa y cariñosa que fue mi hermana antaño regrese. Me paso las manos por el pelo, perdido con toda esta situación. ―No sé qué le pasa, ella nunca había actuado así. Tal vez deba asignarle a Aiza para que la vigile, será casi imposible escabullírsele. O eso es lo que espero. ―También está el hecho de que es una mujer, podría verse menos repelida por ella. Lo organizare― Halec desaparece para hacer su trabajo, al tiempo que Aiza acomoda su femenina figura junto a mí. ―Hace mucho tiempo que no hablamos― sus labios forman un mohín que parece incongruente con la guerrera que es. Pero he visto a Aiza llevar tacones y vestidos tan bien, como las botas y el traje de combate. Es una socialité y soldado con una amplia experiencia, tanto a la hora de seducir como a la de matar. ―Recuerda la conversación que tuvimos Aiza― entro en el mismo auto que Astrax para llevarla a casa. Estoy ansioso de que esta noche termine.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR