6 Propuesta Ignorada

1399 Palabras
Max. Me encuentro en Delirium una hora antes de lo indicado en el mensaje del Fantasma, estoy ansioso por esta reunión, si todo sale como lo tengo previsto, entonces tendré acceso a información que actualmente está fuera de mi alcance. Señor, la princesa se encuentra a salvo en Vermont.  Aiza.                                                                                                                                                                         Entendido. Me alivia saber que Astrax ya no está en la ciudad, últimamente tenerla por aquí solo puede significar problemas, al menos en Cast Hill no se arriesgara a hacer nada de lo que nuestros padres puedan enterarse. Uso ese hecho sin piedad para mantenerla controlada. ―Aquí tiene― una camarera pone frente a mí un whisky escocés. ―Gracias― trato de hacer caso omiso a las insinuaciones que me envía antes de seguir trabajando. Tomo un trago y me preparo para esperar. La hora pasa en un borrón de aburrimiento y llamadas telefónicas, si quiero tener libre el fin de semana debo adelantar todo el trabajo que pueda. A parte de la fiesta, me encantaría tener tres días libres seguidos. Tal vez no este ayudando a dirigir un país, pero los vampiros están repartidos por todo el planeta, no somos tantos como los seres humanos, pero tampoco somos un número pequeño. Todo ello significa que hay una gran cantidad de cosas que hacer y resolver todos los días. Proyectos que aprobar y muchas otras cosas más, el rey no toma descansos, pero como aun no tengo la corona. Intentare tomarme tantas vacaciones como me sea posible. El Fantasma se desliza en el asiento frente a mí. ―Deberías considerar el irte― son sus primeras palabras― es poco probable que aparezca pronto. Me encojo de hombros. ― Puedo esperar un rato más, mi propuesta es altamente beneficiosa para ambas partes, ella querrá oírla. Asiente y vuelve a irse. No he cruzado muchas palabras con él, pero parece un hombre resuelto y seguro de su lugar en el mundo. Cabellera cobriza, comunes ojos marrones, barba de un día, piel  bronceada y la contextura muscular de un nadador olímpico y con unas facciones que tiran a la simplicidad, es fácil pasarlo por alto, pero no por ello es menos atractivo, debo reconocer. Simplemente su físico contribuye a que pueda mezclarse en cualquier ambiente. Una camarera trae la tercera copa de la noche, me bebo la mitad de un trago. No me preocupa emborracharme, licores como este rara vez logran tener un impacto real en mí, no obstante, el vino con sangre puede llegar a ser una combinación mucho más explosiva. Observo a todas las personas bailando apretadamente en la pista de baile más abajo. La mayoría de ellos borrachos, el olor del sudor (entre otras cosas) saturando el aire. Compruebo la hora en mi teléfono, es mucho más tarde de la hora en que vería a la Reina de lo Oscuro. Me fastidia esta falta de puntualidad, nuevamente espero que todo esto se resuelva una vez que haya aceptado mi propuesta. Mientras tanto trato de mantener mi genio a raya. El Fantasma se detiene a mi lado con expresión neutra, aunque la preocupación brilla en sus ojos. ―No va a venir, estará fuera de la ciudad hasta el lunes. Vete a casa Max. Me levanto con parsimonia, bebiéndome lo que queda en mi vaso de un trago. ―Harías bien en recomendarle que no me ignore de esta manera. No le conviene. ―No todo gira en torno a ti― replica. Mis labios esbozan una sonrisa fría que inquieta a todo el que se cruza con ella. ―Mi paciencia no es infinita, puedes creerme cuando te digo que no me quieren de enemigo. Me largo del club con una energía rabiosa que necesita ser purgada antes de que empiece a pasarme factura. Monto la motocicleta con la que vine al club, me lanzo hacia el gimnasio privado al sur del Central Park, donde sé que Halec debe estar entrenando y si él no está, seguro que encuentro a cualquier otra persona con la que intercambiar golpes. Dejando la moto en un aparcamiento cercano, entro al gimnasio usando la llave electrónica para abrir la puerta. Las paredes del interior estas revestidas de ladrillo rojizo, una pared completamente de espejos. En el centro de la habitación y rodeado de diversas máquinas para hacer ejercicio se encuentra un ring de boxeo. Encuentro a algunas personas trabajando sus cuerpos en las máquinas de ejercicio. Inesperadamente Esteban está en el ring, intercambiando golpes con Rafael Salazar el  mejor amigo de mi hermano, con una edad aproximada de doscientos años tiene la misma edad de Esteban. Se conocen desde niños y ninguno se encuentra muy seguro sobre lo que hacer con su vida. Uno pensaría que ya se habrían decido, debido al largo tiempo que han tenido para meditarlo. Esteban asiste a Columbia University, algo relacionado con la tecnología, mientras Rafael ha iniciado una carrera militar. Nadie los presiona, pero todos esperan que hagan algo de valor con sus vidas. Ambos están sin camisa y en pantalones de chándal, dan vueltas evaluándose antes de que Rafael se lance con una rápida ráfaga de golpes que dan de lleno en el torso de su  oponente. Esteban responde con una barrida de pies para hacerlo caer, justo cuando se levanta lanza un gancho derecho. No es boxeo convencional, las reglas de cada pelea siendo puestas por los luchadores. ―Vamos Rafa ¿Es todo lo que tienes?― Esteban esboza una sonrisa impertinente que hace a su amigo perder los estribos. Se lanzan nuevamente uno contra el otro, y para mi sorpresa mi hermano acaba dándole una paliza a Rafael. ―Creo que tendrás que entrenar más duro Rafael― comentó al vampiro en el suelo. Amos hombres se giran hacia mí, sobresaltados. Los dejo procesar mi presencia antes de volver a hablar, quiero mucho a mi hermano y él sabe que puede acudir a mí cada vez que lo necesite. Pero soy casi trescientos años  mayor, yo ya era un adulto cuando Esteban nació, nunca hemos tenido los mismo amigos ni nos hemos movido por los mismos círculos. Lo que derivó en que nunca me  he mezclado de forma casual con sus amistades, también sé que no soy al primero al que acudirá con sus problemas del día a día. Es un hecho aceptado que no puede cambiarse. ―Max, no notamos que estabas aquí. ―Lo sé, estabais muy concentrados. Olvidaron su entorno. ―Joder, una de las primeras lecciones que me han dado. Siempre estar al pendiente de tu entorno― Rafael parece avergonzado y no lo culpo. El hermano mayor de su mejor amigo, quien también resulta ser el próximo rey, está al tanto de tus errores de novato. ―Todos pasamos alguna vez por la fase de aprendizaje― trato de restarle importancia  para no amargarles la noche― lo importante es aprender de los errores. ―Eso es manual básico― apunta Halec, sin camisa y listo para desfogarse― ¿Quieres drenar algo de esa energía su alteza? Sabía que Halec podría sentir mi energía acumulada. Me quito la camiseta antes de señalar a los chicos. ― ¿Terminaron?― asienten― entonces bajen de allí para una demostración. Me vendo los nudillos, pero no me coloco los guantes de boxeo. Necesito una pelea sucia para liberar toda la rabia acumulada en mi interior. Subo al ring con Halec pisándome los talones. Lo enfrento con los brazos en guardia. ― ¿Sin reglas? ―Sumisión― contesto. Sonríe sin pausa. Esa sola palabra significa que para ganar uno de nosotros debe someter al otro, hasta que diga "Me rindo". L a última pelea de sumisión entre nosotros la gano Halec. Lástima que hoy estoy listo para destruirlo. Me lanzo a por él, engañándolo para en el último momento lanzarle una patada que lo tira al suelo. Se levanta con la misma, esta vez es más cuidadoso con mis rápidos cambios de decisión, siendo yo quien termina en suelo esta vez. Observo un segundo a mi hermano y a su mejor amigo, quienes estudian seriamente la pelea. ―Dejémonos de juegos y subamos de nivel― le propongo a Halec. Este responde con un puñetazo. Si, esto es exactamente lo que necesito para olvidarme de la frustrante mujer que despierta en mí un deseo que nunca podría ser satisfecho. También despierta mi ira con sus desaires.
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